Sinopsis
En un abrir
y cerrar de ojos, todos desaparecen excepto los jóvenes: adolescentes, niños y
bebés. Pero no queda ni un solo adulto. Y tampoco funcionan los teléfonos,
Internet ni la televisión. No hay manera de saber lo que ha pasado, no hay
forma de pedir ayuda. El hambre amenaza. Los matones mandan. Y una criatura
siniestra acecha…
Un día, de pronto, todas las personas mayores de
quince años de Perdido Beach y alrededores desaparecen sin dejar rastro. Los
cerca de cuatrocientos niños que quedan allí, desde recién nacidos hasta
adolescentes con verdaderos problemas de agresividad, se descubren solos y sin
ningún tipo de autoridad que les gobierne. Y por si esto fuera poco, además de
estar encerrados dentro de una cúpula de cristal que ocupa varios kilómetros a la
redonda y de la cual nadie puede escapar, algunos de ellos comienzan a
desarrollar extraños poderes que les permiten hacer cosas tan sorprendentes
como leer la mente, teletransportarse o sanar con el mero roce de la piel. El
problema es que, cuando los adultos faltan, los jóvenes que intentan hacerse
cargo de la situación no es que sean, precisamente, los más idóneos.
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“El profesor hablaba de la guerra civil. Y, al cabo de un
instante, desapareció”
Así de intrigante empieza este libro, en el que el avance de
los capítulos es una cuenta atrás en horas y minutos.
“Todo estaba conectado, estaba seguro de ello. Lo que hizo a
su padrastro, lo que hizo en su cuarto, lo que había pasado con la pequeña
lanzallamas con coletas, la desaparición de todos los mayores de 14 años, y
aquella barrera imposible e impermeable… todo eran piezas del mismo puzle”
Durante la lectura del libro ha habido una cosa que no ha
terminado de encajarme y es la edad de los personajes, que está perfectamente
explicada en el libro y tiene su razón de ser. Y es que todas las personas
mayores de 15 años han desaparecido de la faz de la tierra (o por lo menos en
esta zona donde transcurre la historia). Y es esto mismo lo que no me cuadra
porque son niños y les toca hacer unas cosas que no son propias de niños de
esta edad. Por poner un ejemplo, conducir (que a mí me parece un mundo) aquí
cogen un coche y sin nadie que explique cómo se hace se lanzan a conducir.
Según va avanzando la lectura y la historia y con cada
capítulo que pasa disminuyendo la cuenta atrás nos vamos sumergiendo más y más
en el misterio que ha hecho desaparecer a todos los adultos de la ciudad y
alrededores.
Es una lectura que engancha desde el principio con ese primer
párrafo en el que nos metemos en la trama de lleno y sin preámbulos. Olvidados
esta intrigante y misteriosa en todo el libro. No es fácil hacerse una idea de
por dónde van los tiros o por donde van a venir las cosas, lo que hace que se
quiera seguir leyendo.
Además, el final es totalmente abierto por lo que habrá que
seguir leyendo la trilogía para saber que va a pasar con estos niños que tienen
que hacerse adultos a la voz de ya en vista de lo que se les ha venido encima
en esta distopía.
Porque nos encontramos en una distopía con la diferencia de
que este libro no ocurre en un futuro más o menos lejano sino que esta nuestra
época.
En cuanto tenga Hambre me pondré con él y seguramente me lea
del tirón también Mentiras, todo depende de cómo termine el segundo.
Una cosa que me ha gustado bastante, aunque sea una tontería,
es que el protagonista cumple años el 22 de noviembre, el mismo día que yo.
Libro intrigante y misterioso
que mantiene en vilo durante toda la
lectura.