COMENTARISTAS

miércoles, 18 de octubre de 2017

Frases #44 En tierra de nadie



‘Nunca he comprendido muy bien por qué las actividades lúdicas han de estar estigmatizadas frente a las que se presentan como ‘educativas’ o ‘formativas’. Cada uno de nosotros tendría que resolver cómo emplear su tiempo libre sin ningún tipo de presiones, ya que rara vez disponemos de albedrio al tomar el resto de nuestras decisiones diarias. La mayoría de nuestras supuestas elecciones no son sino obligaciones, exigencias y compromisos que nos vienen impuestos por las necesidades de la vida.’

En tierra de nadie – Olalla García

lunes, 16 de octubre de 2017

Sueños de piedra - Iria G. Parente y Selene M. Pascual


Sinopsis
Érase una vez un reino muy, muy lejano donde un príncipe premió a un mago por ayudar a rescatar a una joven en apuros.
Encantador. Lástima que nada de esto sea verdad.
En realidad, el príncipe sueña con gloria y venganza; el mago, con que sus hechizos no sean siempre un desastre y la joven en apuros, con huir de un pasado que la atormenta... y del recuerdo del hombre al que ha matado.
Érase una vez…
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Tenía este libro en mis estanterías prácticamente desde que se publicó, pero no lo había querido leer por el hype que había y porque muchas veces suelo ir un poco a contracorriente y no me quería llevar una decepción.

Si os digo que casi no sabía de qué iba el libro no me creeréis, pero es que he estado sorteando reseñas en todo este tiempo porque me gusta ir totalmente a ciegas. Ni siquiera me gusta leer las sinopsis y sí, me cautivó por la portada. Soy así de superficial con los libros.

Así, con estas premisas que os he comentado, empecé a leer el libro a mitad de septiembre, en una de las épocas que más trabajo tengo, sin saber lo que me deparaba la lectura.


De lo primero que me percaté es de que está escrito en rigoroso presente y eso para mí es echarme un poco para atrás. Pero solo fue al principio porque una vez metida en la historia ya se me olvidó. La narración está dividida entre Arthmael (menudo nombrecito) y Lynne de forma que un capítulo lo cuenta él y el siguiente lo cuenta ella.

Y hablando de los personajes, Arthmael comienza siendo un idiota integral pero poco a poco va cambiando y se va convirtiendo en un amor de chico. Aunque las ínfulas no terminan de quitársele sí que rebaja un poco el egocentrismo.

Lynne por su parte empieza el libro siendo una persona rota y descreída de todo y de todos. Pero poco a poco va cambiando también, acercándose a sus compañeros de viaje.

Hazan, el tercero en discordia en este viaje, es un chico que anda un poco perdido (literalmente) y que es el factor que une a nuestros dos protagonistas en un principio.

Me ha parecido que es un viaje iniciático para cada uno de los personajes además de un viaje por Marabilia. Cada uno tiene sus fantasmas que espantar y a lo largo del libro se va viendo la evolución en cada aventura que tienen que vivir.

Porque a lo largo de los capítulos de este libro, vamos a vivir muchas aventuras con estos personajes por lo que no hay tiempo para aburrirse ya que continuamente están pasando cosas. Y luego están los secretos que tiene cada uno de los personajes y que iremos descubriendo según vaya avanzando la trama.


Y aunque, como os he comentado ya la narración en presente no me termina de convencer en los libros, no me ha molestado porque las autoras le han dado un ritmo a la novela para hacer la lectura adictiva y no poder dejar el libro. El mundo ficticio que se han sacado de la manga me ha fascinado y me deja con muchísimas ganas de volver a vivir más aventuras allí, por lo que no creo que tarde en meterle mano a ‘Títeres de la magia’.

Marabilia me ha maravillado y me ha dejado expectante a las nuevas aventuras, por ver que me depararán las siguientes lecturas.

Sueños de piedra ha sido una sorpresa muy grata y una lectura que he disfrutado mucho. Me ha gustado tanto el mundo de ficción como los personajes. Un libro más que recomendable.

¿Lo conocíais?
¿Lo habéis leído? ¿Os llama la atención?
Contadme

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viernes, 13 de octubre de 2017

Besos de libro #166 Merertrice (I)



—Lanzo, pero ¿y tus estudios y tu futuro?
—Mi futuro está a tu lado.
—Tu sueño es ser apotecario.
—Mi sueño eres tú.
No pude aguantar más y atrapé su boca. Él me besó apasionado. Su torpe urgencia me encogió el corazón.
Enredamos nuestras lenguas con ansia, inexpertos e inseguros, pero arrebatadoramente entregados. El beso encendió nuestros ánimos y comencé a sentir sus manos ascendiendo por mis costados, indecisas y trémulas. Noté sus pulgares recorriendo las curvas de mis pechos y todo un abanico de sensaciones confusas me recorrió.
—Dios, Alonza —gimió contra mi boca—, párame.
Me separé de él jadeante; apenas retrocedí un par de pasos y lo miré aturdida. Aunque mi intención no era precisamente obedecerlo.
Comencé a desatar el corpiño hasta lograr aflojarlo ante la ardiente mirada de Lanzo. Luego me bajé los hombros del vestido, saqué los brazos y empujé la tela hacia abajo, mostrándole mis pechos.
Él dio un paso hacia mí. Tenía los puños apretados, la cabeza baja y la mirada entornada y nublada por un velo que no había visto antes. Temblaba y apretaba los labios con contención.
Retrocedí, y él avanzó. Llegué a su cama y me recosté en ella mirándolo invitadora.
—Esto no es lo que te he pedido —murmuró con voz estirada.
—Pero es lo que deseas —repliqué subiendo la falda por mis muslos.
—Sí, es cuanto deseo, hacerte mía.
Avanzó tenso hasta mí, hundió una rodilla en el colchón y se cernió sobre mi boca de nuevo. Sentí sus manos ahuecadas en mis senos, acariciándolos con firmeza. Gimió en mi boca y me tumbó completamente. Cuando dejó de besarme, observé su inflamada boca y me relamí. Su mirada turbia me excitó casi más que sus manos danzando sobre mi piel.
Cuando tomó uno de mis pezones entre sus labios casi me sentí desfallecer. Lamió, succionó y besó con delirio, y yo jadeé hundiendo los dedos en su cabello, cimbreándome contra su cuerpo.
—Detenme, Alonza, o no podré parar.
—No quiero que pares.
Lanzo dejó escapar un gemido estrangulado y cerró los ojos frunciendo el ceño como si una punzada lo atravesara.
—No me alientes, no... no debemos...


MeretriceLola P. Nieva
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