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viernes, 28 de marzo de 2014

Besos de libro #11 Cazadores de sombras, los orígenes: Príncipe mecánico



Él se inclinó para juntar su mejilla con la de ella. El aliento de él en la oreja la hizo estremecerse con cada palabra que pronunció deliberadamente.

—He querido hacer esto —confesó él—, en todo momento de todas las horas de todos los días que he estado contigo desde que te conocí. Pero tú ya lo sabes. Debes saberlo. ¿No es cierto?

Ella lo miró y abrió un poco la boca, perpleja.

—¿Saber qué? —preguntó, y Will, con un suspiro de algo como la derrota, la besó.

Sus labios eran suaves, muy suaves. Ya la había besado antes, loca y desesperadamente, y sabiendo a sangre, pero eso era diferente. Eso era deliberado y sin prisas, como si le estuviera hablando en silencio, diciéndole con el roce de sus labios en los de ella lo que no podía decir con palabras. Le fue recorriendo la boca con lentos besos breves, cada uno tan medido como el latido de un corazón, cada uno diciéndole que ella era preciosa, irreemplazable, deseada. Tessa no pudo aguantar más las manos junto a los costados. Las alzó para cubrirle la nuca, para sentir el pulso de él palpitándole contra las manos.

Él la cogía con firmeza mientras le exploraba la boca detalladamente con la suya. Will sabía a refresco de limonada, dulce y cosquilleante. El movimiento de su lengua mientras le acariciaba los labios le provocaba agradables estremecimientos por todo el cuerpo; los huesos se le derretían y los nervios le ardían. Tessa ansiaba apretarlo contra sí, pero él estaba siendo tan dulce, tan increíblemente tierno…, aunque ella notaba lo mucho que él la deseaba por sus manos temblorosas, por el martilleo de su corazón contra el de ella. Seguro que alguien que no la amara aunque fuera un poco no se comportaría con tanta delicadeza. Todas las partes de su interior que se habían sentido rotas y desgarradas cuando había mirado a Will esas últimas semanas comenzaron a unirse y a sanar. Se sentía ligera, como si pudiera flotar.

—Will —susurró ella contra la boca de él. Lo quería más cerca de ella con tal desesperación que era como un sufrimiento, un dolor agudo y cálido que se le extendía desde el estómago para acelerarle el corazón, enredarle las manos en el cabello y hacerle arder la piel—. Will, no hace falta que seas tan cuidadoso. No voy a romperme.

—Tessa —gimió él contra la boca de ella, pero notó la vacilación en su voz. Ella le mordisqueó los labios, tentándolo, y él se quedó sin aliento. Le puso las manos en la parte baja de la espalda y la apretó contra sí, mientras iba perdiendo el control y su suavidad se convertía en una urgencia más exigente. Sus besos se fueron haciendo más y más profundos, como si respiraran el uno del otro, se consumieran mutuamente, se devoraran ambos. Tessa sabía que estaba soltando gemiditos guturales; que Will la estaba empujando hacia atrás, contra la barandilla, de una manera que tendría que haberle dolido, pero que por extraño que pareciera no era así; que las manos de él estaban en el corpiño del vestido de Jessamine aplastando las delicadas rosas de tela. Vagamente, Tessa oyó que alguien abría el ventanal, y Will y ella seguían agarrados, como si nada más importara.

Cazadores de sombras, los orígenes: Príncipe mecánicoCassandra Clare
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2 comentarios:

  1. Este todavía no lo he leído!! a ver cuando me pongo! Besos

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  2. Ui ui, ese lo tengo empezado a ver cuando puedo acabarlo, tiene un aire steampunk que lo hace muy atrayente, a ver que tal!

    ¡Un beso!
    -Gin-

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