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viernes, 4 de enero de 2019

Besos de libro #224 Tuya a medianoche



—¿Señorita Hathaway… está realmente segura de que el destino no ha tenido nada que ver en nuestro encuentro de esta noche?
Ella no parecía poder respirar correctamente.
—Bas-bastante segura.
Su cabeza se inclinó.
—¿Y con toda probabilidad nunca nos reuniremos de nuevo?
—Nunca.
Él era demasiado grande, estaba demasiado cerca. Nerviosamente Amelia trató de ordenar sus ideas, pero se dispersaban como cerillas desparramadas… y luego les prendió fuego cuando su aliento tocó su mejilla.
—Espero que esté en lo cierto. Que Dios me ayude si alguna vez debo hacer frente a las consecuencias.
—¿De qué? —Su voz era apenas perceptible.
—De esto. —Su mano se deslizó hacia su nuca y su boca cubrió la de ella.
Amelia había sido besada antes. No hacía mucho tiempo, en realidad, por un hombre de quien había estado enamorada. El dolor de su traición había producido una herida tan intensa, que había jurado que nunca más permitiría que ningún hombre se le acercara de nuevo. Pero Cam Rohan no había pedido su consentimiento, ni le había dado ninguna oportunidad para protestar. Se tensó y le puso las manos en el pecho, presionando contra la dura superficie. Él pareció notar su objeción, su boca era sutil e insistente. Uno de los brazos de él se deslizó a su alrededor, tensándose ligeramente cuando la atrajo contra los sólidos contornos de su cuerpo.
Con cada aliento ella aspiraba su intenso aroma, la dulzura del jabón de cera de abejas, el indicio a sal de su piel. El poder flexible de su cuerpo la rodeaba, y no pudo evitar relajarse contra él, permitirle sostenerla. Más besos, uno comenzaba antes de que el otro terminase, húmedas e íntimas caricias, latidos secretos de placer y promesa.
Con suave murmullo de extrañas palabras derramadas en sus oídos, Rohan apartó su boca de la de ella. Sus labios vagaron a lo largo de la curva ruborizada de su cuello, demorándose en los lugares más vulnerables. Sentía su cuerpo inflamado bajo la ropa, el corsé le constreñía el desesperado ensanchamiento de sus pulmones.
Se estremeció cuando él llegó a un lugar de exquisitas sensaciones y lo tocó con la punta de la lengua. Como si su sabor fuera alguna especia exótica. Un pulso se despertó en sus senos, su vientre y entre sus muslos. La inundó un deseo atroz por apretarse contra él, quería liberarse de las capas y capas de tela sofocante que componían su falda. Él era tan cuidadoso, tan suave…
La caída de una botella al suelo la sacudió de la neblina.
—No —ella se quedó sin aliento, ahora luchaba.
Rohan la soltó, sus manos la estabilizaron mientras intentaba recobrar el equilibrio. Amelia se volvió ciegamente y se tambaleó hacia la puerta abierta del carruaje. En todas partes en que la había tocado, sus nervios clamaban deseando más. Mantuvo el rostro inclinado, agradecida de que su sombrero la ocultara.
Desesperada por escapar, Amelia subió al peldaño del carruaje. Antes de que pudiera entrar, sin embargo, sintió las manos de Rohan en su cintura. Él la sujetaba desde atrás, atrapándola lo bastante cerca como para susurrarle al oído:
—Latcho drom.

Tuya a medianocheLisa Kleypas

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1 comentario:

  1. Que pena que no te gustara mucho este libro porque a mi me encantó. Esa escena es muy bonita. Espero que alguno te llegue a gustar.
    Un beso

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