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viernes, 29 de septiembre de 2017

Estantería temática #43 J. de la Rosa



Hoy os quiero mostrar en esta sección que os traigo cuando ya el mes está a punto de terminar, la Estantería Temática, los libros que tengo en papel del autor J. de la Rosa.

Como veis en la imagen de arriba son un total de cinco, dos publicados por Titania y los otros tres por HQN.

Todos los títulos que os enseño están reseñados en el blog. He puesto el enlace a cada una al final de la entrada.
Tu último beso es una historia muy dulce con un toque de misterio para mantener al lector pendiente de la trama. Me gustó mucho.
Gigoló: el amor tiene un precio fue un libro que me sorprendió de forma muy positiva, tanto por el argumento del mismo como por los giros que da a lo largo de los capítulos.
Siete razones para no enamorarse es de esos libros que te puedes leer perfectamente en un rato. No es muy largo y la historia engancha.
La leyenda de tierra firme es un libro en el que se mezclan dos tramas, una en el siglo XVI y otra en la actualidad y tanto una como la otra mantienen enganchada a la lectura.
Todas las estrellas son para ti es, hasta la fecha, el libro que más me ha gustado de J. de la Rosa. El punto de misterio, la tensión entre los protagonistas y la resolución final me parece que hacen un libro muy completo para lo cortito que es, o por lo menos a mí se me hizo corto, porque me lo leí en una tarde creo recordar.

También tengo reseñado en el blog Un lugar donde olvidarte, pero como no lo tengo en papel no está en la foto. Y está pendiente de publicarse la reseña del último libro que es Bajo el puente de los vientos que es lo más diferente que he leído hasta el momento de este autor.

¿Habéis leído algún libro de este autor?
 ¿Cuál os llama más?
 ¿Cuál os ha gustado más?

Reseñas del autor en el blog:

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viernes, 5 de mayo de 2017

Besos de libro #146 La leyenda de tierra firme (II)



Se oyó sonido de pasos en cubierta.
—Bajemos al camarote —susurró él contra sus labios. No quería que ese momento se estropeara con miradas indiscretas.
La tomó de la mano hasta la escalera de descenso. Una parada para besarse, y otra más, tomando su rostro entre las manos. Bajaron a trompicones, tropezando con los escalones, intentando prolongar aquel beso infinito que no se cortaba ni cuando se separaban los labios. Darrell manipuló con esfuerzo la cerradura de su camarote. Paraba, se reía nervioso y volvía a trastear mientras le daba ligeros mordiscos en el labio. La cerradura se resistía mientras él miraba alternativamente al pomo y a los labios de Ariel. Al fin cedió y entraron como un huracán, besándose contra la pared mientras con el pie cerraba la puerta. Reinaba una suave oscuridad solo rota por las luces nocturnas que penetraban por el ojo de buey. No encendieron las lámparas. Nada que los distrajera, que los devolviera a la realidad de socios de trabajo, de promesas de nunca juntos. Nada que los alejara de aquel mítico viaje a sus deseos más íntimos.
La inmediación de sus cuerpos inflamó aún más sus deseos por Ariel. Introdujo de nuevo la mano bajo la camisa, ahora sí, con una ansiedad desconocida, hasta abarcar con ella la pulpa caliente de su seno. El contacto de aquel pecho le produjo una descarga eléctrica entre las piernas. Un tirón invisible que hizo perentorio seguir con su cometido. Mientras, Ariel le recorría la espalda con las palmas de las manos, que se deslizaban bajo su camiseta para sentir la textura de su piel. Eran manos temblorosas, que subían y bajaban hasta traspasar la frontera de su cinturón y asir el óvalo perfecto de sus glúteos. Aquel contacto cálido fue una señal. El deseo tanto tiempo reprimido estalló al instante, confundió su mente e hizo que un interminable escalofrío recorriera toda la superficie de su piel.
Enredados, cayeron sobre la litera inferior. Cuidado con la cabeza. De sus pieles de desprendía el olor del deseo, un aroma salado de ostras que los volvía locos y que ellos husmearon con voracidad. Mientras Darrell le arrancaba la camisa, le mordía el torso, la piel del vientre, le lamía los costados, Ariel le ofrecía su cuerpo, incapaz de hacer otra cosa que recibir placer. Recibir las tórridas sensaciones que le provocaba aquel contacto carnal.
Su cabeza se nubló. Desaparecieron sus pensamientos, su vida, solo un enorme deseo por aquel hombre lo ocupaba todo. Por dentro y por fuera, como una comezón. Rodaron uno sobre el otro en aquella cama angosta, imposible de espacio, y sus ropas cayeron al suelo en un ejercicio malabarístico, incapaz de explicar después de aquella noche. El cuerpo de Darrell se descubrió fuerte, como ella ya había atisbado, con el pecho cubierto por un ligero vello castaño solo en los pectorales y en un oscuro cordón desde el ombligo. Los cabellos de Ariel se desparramaban sobre la cama, transformando las sábanas blanquísimas en un mar oscuro y embravecido. Él la atrajo más hacía sí, como si fuera posible traspasar la barrera de su piel. No pudo evitar separarse por un instante, apoyar las manos en la cama y estirar los brazos para verla. Así, desnuda sobre el lecho, con las manos ocultas bajo su pelo, era todo un espectáculo. Las sábanas estaban arrugadas y la manta se enrollaba bajo sus riñones.
—Dios —dijo él con una voz ronca y profunda—. Eres tan hermosa y te deseo tanto.


La leyenda de tierra firme – J. de la Rosa

viernes, 14 de abril de 2017

Besos de libro #143 La leyenda de tierra firme (I)



—Y personas maduras que no nos escandalizamos con el sexo.
Ella sentía que sus pupilas se estaban dilatando. ¿Cómo si no podía verlo solo a él? Ni las errantes estrellas ni las luces de aquella ciudad anónima y centelleante. Solo Darrell McKay. El impresionante McKay. El guapísimo McKay.
Él se acercó lentamente, sopesando a cada milímetro si ella se apartaría. Se detuvo un instante cuando solo estaba a unos centímetros de su boca. Ariel lo miraba a los ojos. Negros los ojos de pupilas dilatadas. Entonces avanzó y la sensible piel de sus labios entró en contacto. Por un instante no sucedió nada más. Tan cerca sus ojos seguían clavados en sus pupilas, como dos faros que buscan un receso en la noche. Labios inmóviles. Pendientes de su destino. Cuando ella, lentamente, bajó los párpados, él supo que el permiso estaba concedido y entonces estalló el hambre atrasada que sentía.
En aquella postura imposible, de antiguos amantes, asomados a la barandilla que les devolvía la salpicaduras de las olas. Los devoró como una última comida, como un presidiario que espera el patíbulo, recorriendo su perímetro con la lengua, atrapándolos entre los suyos para morderlos suavemente, abriéndolos un poco más con la punta de su lengua.
Ariel reaccionó a aquella caricia. A pesar de su urgencia aquella boca era más delicada de lo que había imaginado. Actuó al principio dejándose hacer, pero aquellos besos mojados pronto surtieron efecto y empezó a participar en aquel juego de labios hambrientos que le arrancaba suspiros irrefrenables, escalofríos fuera de control y un terrible miedo al que no podía oponerse.
Darrell se puso de espaldas al mar y tiró de ella para colocarla frente a él. Aquel largo beso no se había interrumpido. Llevó sus manos a la cintura de Ariel, hurgando con los pulgares bajo la camisa. Desde allí ascendió lentamente aunque ya sabía que no había sujetador que lo detuviera. Sentía una urgencia que le era difícil controlar. Su sexo hinchado, palpitando contra el vientre de Ariel. Deseaba desgarrar aquella tela, sumergir la boca entre sus senos, beber sobre su piel cada gota que les devolvía el mar. Tenerla entre sus brazos se había convertido en toda una obsesión. Una lujuriosa obsesión. Ella apenas se movía. Concentrada en un beso que levantaba leves suspiros a ambos y la tenía enajenada.

 La leyenda de tierra firme – J. de la Rosa


miércoles, 28 de diciembre de 2016

La leyenda de tierra firme - J. de la Rosa


Sinopsis
La sensata y tranquila Ariel Salazar, conservadora del Archivo de Indias de Sevilla, recibe inesperadamente la visita del encantador buscador de tesoros Darrell McKay, que pretende localizar los restos hundidos de un mítico galeón español, el Santa Bárbara. Su curiosidad la incita a aceptar ayudarlo en una búsqueda que se convertirá en una peligrosa aventura contrarreloj que los llevará desde las calurosas calles de Sevilla a la exótica Estambul, y en la que descubrirán que incluso dos personas tan diferentes como ellos pueden llegar a sentir una atracción insospechada...
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Como siempre el autor, J. de la Rosa, no defrauda. Elegir una lectura suya es sinónimo de pasar un rato agradable, divertido y entretenido. Con La leyenda de tierra firme me lo he pasado muy bien como no podía ser de otra forma.

Tanto Ariel como Darrell me han gustado como protagonistas. Sus caracteres son muy parecidos y diferentes a la vez lo que les hace una pareja muy bien complementada.

Hacía tiempo que le tenía el ojo echado a este libro pero no fue hasta el pasado mes de octubre que no me lo compré. También lo tenía en digital así que aprovechando mi viajecito a Londres decidí que sería una buena opción para empezar a leer.

Ya desde las primeras páginas nos engancha a la historia que al tener varios frentes, abre el abanico de posibles situaciones entre los personajes. Está narrado en tercera persona y en pasado. Y está ambientado en la actualidad. Pero también tendremos capítulos en forma de una especie de flashback en sueños en los que conoceremos hechos de un pasado remoto que irán paralelos en cierto modo con lo que le va ocurriendo a nuestros protagonistas.

Como digo me ha gustado mucho la historia, pero hay una cosa que no me ha terminado de cuadrar y es que el policía que investiga los hechos que tienen lugar al principio del libro y que no voy a decir cuales son porque se puede considerar spoiler, se obsesiona así porque sí con Ariel y Darrell y los hace culpables sin más. Según el son los sospechosos y carga contra ellos. Esto, así me parece muy pillado con pinzas para que la acción se desarrolle como el autor quiere. Y este empecinamiento del policía contra ellos no lo he llegado a comprender.

Me ha gustado la evolución de los personajes. Ariel va pasando de patito feo a chica buenorra aunque ella misma se siga considerando del monto. Es un tópico pero a mí me ha gustado el cambio que se va operando en ella. En gran parte gracias a Darrell (todo tiene una explicación, creedme) que es el que le quita la ropa dos tallas más grandes que ella se empeña en vestir.

Y también me ha gustado ver como Darrell va derritiendo al frio buscatesoros que es cuando lo conocemos al principio del libro y va transformándose en un hombre gracioso, con chispa a cada momento que pasa con Ariel.

Tanto uno como el otro destilan sarcasmo e ironía. Se lanzan pullas y se retan continuamente.

Entre investigaciones de barcos de la ruta de las Indias, asesinatos, persecuciones y amores por aquí y por allá el libro se lee prácticamente solo.

La leyenda de tierra firme ha sido una lectura muy placentera, divertida a ratos, intrigante (porque no sabía por dónde nos iba a salir el autor) y llena de escenas muy bonitas que hacen que la lectura cunda y se lea muy rápidamente.

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