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viernes, 5 de mayo de 2017

Besos de libro #146 La leyenda de tierra firme (II)



Se oyó sonido de pasos en cubierta.
—Bajemos al camarote —susurró él contra sus labios. No quería que ese momento se estropeara con miradas indiscretas.
La tomó de la mano hasta la escalera de descenso. Una parada para besarse, y otra más, tomando su rostro entre las manos. Bajaron a trompicones, tropezando con los escalones, intentando prolongar aquel beso infinito que no se cortaba ni cuando se separaban los labios. Darrell manipuló con esfuerzo la cerradura de su camarote. Paraba, se reía nervioso y volvía a trastear mientras le daba ligeros mordiscos en el labio. La cerradura se resistía mientras él miraba alternativamente al pomo y a los labios de Ariel. Al fin cedió y entraron como un huracán, besándose contra la pared mientras con el pie cerraba la puerta. Reinaba una suave oscuridad solo rota por las luces nocturnas que penetraban por el ojo de buey. No encendieron las lámparas. Nada que los distrajera, que los devolviera a la realidad de socios de trabajo, de promesas de nunca juntos. Nada que los alejara de aquel mítico viaje a sus deseos más íntimos.
La inmediación de sus cuerpos inflamó aún más sus deseos por Ariel. Introdujo de nuevo la mano bajo la camisa, ahora sí, con una ansiedad desconocida, hasta abarcar con ella la pulpa caliente de su seno. El contacto de aquel pecho le produjo una descarga eléctrica entre las piernas. Un tirón invisible que hizo perentorio seguir con su cometido. Mientras, Ariel le recorría la espalda con las palmas de las manos, que se deslizaban bajo su camiseta para sentir la textura de su piel. Eran manos temblorosas, que subían y bajaban hasta traspasar la frontera de su cinturón y asir el óvalo perfecto de sus glúteos. Aquel contacto cálido fue una señal. El deseo tanto tiempo reprimido estalló al instante, confundió su mente e hizo que un interminable escalofrío recorriera toda la superficie de su piel.
Enredados, cayeron sobre la litera inferior. Cuidado con la cabeza. De sus pieles de desprendía el olor del deseo, un aroma salado de ostras que los volvía locos y que ellos husmearon con voracidad. Mientras Darrell le arrancaba la camisa, le mordía el torso, la piel del vientre, le lamía los costados, Ariel le ofrecía su cuerpo, incapaz de hacer otra cosa que recibir placer. Recibir las tórridas sensaciones que le provocaba aquel contacto carnal.
Su cabeza se nubló. Desaparecieron sus pensamientos, su vida, solo un enorme deseo por aquel hombre lo ocupaba todo. Por dentro y por fuera, como una comezón. Rodaron uno sobre el otro en aquella cama angosta, imposible de espacio, y sus ropas cayeron al suelo en un ejercicio malabarístico, incapaz de explicar después de aquella noche. El cuerpo de Darrell se descubrió fuerte, como ella ya había atisbado, con el pecho cubierto por un ligero vello castaño solo en los pectorales y en un oscuro cordón desde el ombligo. Los cabellos de Ariel se desparramaban sobre la cama, transformando las sábanas blanquísimas en un mar oscuro y embravecido. Él la atrajo más hacía sí, como si fuera posible traspasar la barrera de su piel. No pudo evitar separarse por un instante, apoyar las manos en la cama y estirar los brazos para verla. Así, desnuda sobre el lecho, con las manos ocultas bajo su pelo, era todo un espectáculo. Las sábanas estaban arrugadas y la manta se enrollaba bajo sus riñones.
—Dios —dijo él con una voz ronca y profunda—. Eres tan hermosa y te deseo tanto.


La leyenda de tierra firmeJ. de la Rosa
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6 comentarios:

  1. Qué escena tan bonita, me ha gustado. La lectura no caía en cual era al principio.
    Un beso!

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  2. Hola! Que bonito!! Muchas gracias por compartirlo. Me anoto este libro.
    Besos!

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  3. Gracias por la escena, leí el libro ya hace bastante tiempo, pero todavía recuerdo lo mucho que me gustó.
    Un beso

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  4. Y qué me gusta esta sección tuya!
    Un besin

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  5. Hola! Me gustó mucho la escena pero lo dejaré pasar esta vez!
    Saludos :D

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  6. ¡Hola!
    Jooo como me gusta esta sección tuya....jajajaja Debería estar prohibida para románticas como yo...que luego se me antojan todos los libros! :D Precioso fragmento...lo apunto ejem ejem..jajaja

    Un saludo y ¡nos leemos!

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