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viernes, 2 de septiembre de 2016

Besos de libro #115 Riesgo calculado (I)



-Así pues, ¿cuál es el final de la historia? -pregunté con una alegría en la voz que hasta a mí me sonó falsa-. ¿Cómo terminaron los dos amigos?
-Hicieron el amor, robaron un banco y vivieron felices y comieron perdices -contestó con una sonrisa.
-No es así como terminaría mi cuento -dije.
Pero él me miraba como si mi tiempo se hubiera acabado. Me quitó la taza a la que aún me aferraba y la dejó a un lado. Luego se inclinó hacia mí con los ojos lanzando fuego y los labios apenas a unos centímetros de los míos.
-Te deseo -me dijo tranquilamente.
-Yo habría querido un cuento con menos sexo y más acción -repliqué yo en voz baja.
-Te deseo -repitió.
Me hizo volver la cara hacia la suya con las manos hundidas en mi pelo. Su cálido aliento, que olía a leche y coñac, se mezcló con el mío. Dejó que mis cabellos se deslizaran entre sus dedos, acariciándolos como si fueran seda tornasolada.
-Te deseo - susurró una vez más.
Apartando una mano de mi pelo, soltó la cinta del cuello de mi camisón.
-¿Que estás haciendo? -le pregunté, con voz apenas audible.
-Lo que te he asegurado que podrías confiar que nunca haría -replicó con una sonrisa irónica-. Seducirte.
-Dios mío -musité.
-Demasiado tarde para la fe -dijo Tor.
Apartó los cabellos de mi cuello y enterró la cara en él. Sentí que la conmoción me recorría los nervios como pinchazos fríos. Él me mordió y me chupó, y los pinchazos se volvieron ardientes. Cuando se echó hacia atrás para desatar otra cinta, deslizó la palma de la mano por mi cuello y mis hombros, allí donde el camisón se había abierto. Me estremecí el verle sobre mí, con su piel de bronce a la luz de la vela y sus cabellos relucientes como oro antiguo. Era tan hermoso que no pude soportarlo. Toda mi resolución se derritió como hielo bajo el sol.
Levanté una mano para apartar la suya y le desabroché el botón superior del pijama, y luego, uno a uno, todos los demás. Él me miró conteniendo el aliento, sumido en una especie de trance, apoyado en un codo por encima de mí. Me contempló en silencio, con los labios entreabiertos, mientras yo acariciaba los duros músculos cincelados de su torso que la abierta chaqueta del pijama había dejado al descubierto. De repente extendió su mano, me cogió los dedos y los apretó contra sus labios.
-Mentirosa -susurró-. Tú querías esto tanto como yo, ¿no es cierto?, desde aquella noche de nuestro primer encuentro.
-Es prerrogativa de la mujer ocultar sus deseos tras un velo de misterio -dije, sonriendo levemente ante mi intento bravucón.
Se quedó mirándome, atónito; luego sus ojos se entrecerraron en un parpadeo.
-Y es prerrogativa del hombre -repuso, incorporándose del todo- desgarrar el velo.
Entonces agarró el cuello de mi camisón de franela, y dando un fuerte tirón, lo desgarró hasta la cintura. Se inclinó sobre mí, posó sus labios en los míos y me los mordió, inundándome la boca con la humedad de la humedad de la suya. Pasó los dedos por mis cabellos y recorrió mi piel con las palmas de las manos hasta hacerme temblar. Luego, apartando la ropa de la cama, se echó sobre mí. Sentí el impacto de su cuerpo y el calor de sus muslos cuando se apretó contra mí.
Yo estaba rígida y me estremecía como una cuerda a punto de romperse, Tor me acariciaba de un modo que provocaba dolor en mi interior, en profundidades que no sabía que existiesen. Sentí que perdía al control y luché contra la fuerza que me absorbía. Todo estaba ocurriendo muy deprisa, no podía aguantar más...
El pareció darse cuenta y se apartó para mirarme. Tenía los cabellos revueltos y la luz de la vela inundaba su cuerpo. De sus ojos se desprendía un brillo oscuro. El calor de su pasión me llenó de un deseo dolorosamente insoportable. Quería hundirme en él, pero, aun así, no podía dejarme llevar.
Suavemente, Tor me abrió los puños, que yo mantenía apretados sin ser consciente de ello, y me besó las palmas de las manos con infinita ternura.
-Libérate, déjate llevar; debes hacerlo, mi amor -me susurró al oído. Luego se apartó de nuevo para mirarme y murmuró-. Ven a mí.
-Tengo miedo -contesté, con un hilo de voz ahogada.
Él asintió y sonrió. Me rodeó con sus brazos y me apretó contra sí. Sentí que la oscuridad me engullía. Sentí la sangre oscura latiendo en mis venas.

Riesgo calculadoKatherine Neville
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12 comentarios:

  1. ¡Hola! no he leído este libro pero esta parte me ha encantado *-*
    Un beso.

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  2. ¡Holaaa! Vaya escena que has puesto, bastante intensa y ufff, es que, me ha encantado, jaja, sin dudas que iré a ver qué tal el librito ;)
    ¡Besoooos! :3

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  3. Hola! Este libro no lo conozco pero me gusta el fragmento que has compartido, así que lo buscaré a ver que tal.
    Besos!

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  4. Hola!!

    Me ha gustado el fragmente, me lo apunto :)

    Besos

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  5. ¡Hola! No he tenido la oportunidad de leer el libro pero este fragmento me gustó. Saludos :*
    -Kelly López

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  6. Wow, menudo momento! Gracias por compartirlo.
    ¡Un besote!

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  7. Hola guapa!
    Genial fragmento, se ve que el libro tiene que esta Bien. Besotes

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  8. ¡Hola!

    Me ha gustado mucho el fragmento

    Gracias por compartirlo

    ¡Un beso!

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  9. Me ha encantado. Echaba de menos estos relatos así que ahora que ya estoy por aquí un poco más a menudo a ver si puedo seguir disfrutándolos.
    Genial sección, como siempre :3

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  10. Oye pues el fragmento está bien!!
    Un beso!

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  11. No lo he leído y esa parte me ha gustado.
    Un beso

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  12. Hola Neftis pues sí que tiene poder de convicción este chico, yo creo que también disfrutaría con el beso ja ja y eso que no lo conozco de nada. ¿Es simpático en el libro? o ¿es un engreído? Gracias por compartir.

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