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viernes, 16 de marzo de 2018

Besos de libro #187 tiempo de lobos (II)



—¡No quiero desafiarte, sino desalentarte!
—Podrías cubrir todos tus encantos bajo capas y capas de porquería con el peor de los hedores, que no lograrías desalentarme. Voy a demostrarte que esto puede ser tan bueno o malo como nosotros queramos. —Los dedos ásperos se amarraron a sus costados y comenzaron a zigzaguear entre las costillas, provocando que la piel se le erizara—. Si deseas placer, lo tendrás. Así.
Buscó su boca como el sediento busca el agua. La obligó a abrirla hasta recibir la plenitud de su lengua, sujetándola por el cuello para evitar que se moviera en un intento de rechazo. Movió los labios para saborearla a placer. La provocó, y cuando ella respondió, la llenó por completo y la aprisionó entre los brazos hasta que sintió la dureza de los pezones como si fueran agujas de punta afilada. Sin dejar de devorarle la boca, sus manos descendieron a lo largo de la columna vertebral hasta desembocar en las nalgas firmes de Munia.
Ella no se retiró. Se sorprendió a sí misma tratando de contenerse para no gritar de placer cuando Hernán apretó su trasero con ambas manos, haciendo que uno de los dedos resbalara a lo largo de su hendidura hacia abajo.
¡Lo deseaba! La verdad inmutable era que todas las partes de su cuerpo palpitaban por él. Como si hubiera nacido para ese momento. Como si su destino siempre hubiera sido aquel hombre capaz de destrozar una puerta a hachazos, para después mostrarse tierno y gentil.
—Así también —añadió Hernán, masajeando la porción de carne que abarcaban las enormes palmas de sus manos—. Tienes unas posaderas casi divinas, mujer. Eres tan suave que me quitas el aliento. La vida entera. Quiero entrar en tu cuerpo y no salir jamás.
Y quería que ella lo acogiera con el mismo gozo. Respondía a sus besos. Sus caricias la calentaban hasta el punto de sentirse húmeda de pasión. Pero sus manos permanecían inertes.
Hernán lo agradeció. Si ella hubiera intentado tocarle en esos momentos, todas sus reticencias se harían gigantescas. Tan enormes que no podría controlarlas. Ni controlarse.
Le mordisqueó los labios hasta enrojecerlos todavía más y luego los recorrió con la punta de la lengua.
—Llevo días sin poder pensar en otra cosa que no seas tú —confesó—. Me pasaría la eternidad acariciándote, solo por el placer de hacerte descubrir tus propias pasiones. Dime, ¿sigues queriendo que sea rápido?
«¡No!», gritó su mente. Pero su cabeza asintió, y los ojos de Hernán se apagaron.
—Deseo concedido —sentenció.
Se apartó unos pasos sin ocultar su contrariedad. Era tal la pena que parecía mostrar que Munia comenzó a llorar cuando él le ofreció la mano. Se quedó inmóvil, desprotegida ante él. Sollozando sin control. Mirando aquellos dedos como si en ellos estuviera escrito su futuro.
Y lo estaba. Porque no podía resistirse a él. Ni a las promesas que llevaba escritas.
—No llores —le murmuró con una voz cálida y envolvente—. Es algo que ambos debemos hacer, Munia. Por ti. Por mí. Por los dos. Ven conmigo.
La mano seguía extendida. Los músculos del pecho de Hernán subían y bajaban casi al mismo ritmo contenido que los suyos. Ella entrelazó su mirada con la de él y decidió aceptar la invitación. El tacto era cálido, seguro, reconfortante. Cubría su mano con la misma ansia protectora demostrada la primera vez que la había tomado.
En aquella ocasión, examinaba sus callosidades. Ahora, pretendía examinar su alma.
Respirando hondo, comenzó a trazar círculos con el pulgar sobre el reverso, hasta arrancar de ella una brevísima curvatura de labios.
—Eso está mejor —afirmó, llevándose los dedos a la boca para repasarlos con la lengua uno a uno.
Ella sintió una alarmante debilidad azotándola de pies a cabeza. El gesto fue tan erótico que terminó por activar cada poro de su piel hasta que tuvo la sensación de que su cuerpo desprendía vapor, cuando la tumbó sobre el lecho para arrodillarse a su lado.
Intentó recuperar el aliento, pero fue inútil. Sin pretenderlo, fijó los ojos en su entrepierna.
—Parece… enorme.
—E inevitable —se disculpó, apartando la mirada como si fuera un muchachito inexperto que ocultaba su vergüenza. Buen Dios, eso era lo que estaba haciendo, se dijo. Contemplar cómo era examinado tan abiertamente le provocaba temblores de excitación y miedo en cada rincón de su cuerpo. Y el miedo era algo con lo que no estaba acostumbrado a lidiar. Con un quedo gruñido, volvió a buscar sus ojos—. Aunque me gustaría saber si te agrada lo que ves, mujer. Si me miras de ese modo, puedo pensar muchas cosas.
—Todas serían válidas. He decidido resistirme a ti.
—Pero no puedes.
Carraspeó antes de apartarse una distancia insignificante, pero muy concluyente. Sobre todo para ella.
Cuando se encontró con la mirada gris, abrió la boca con sorpresa.
Vio sufrimiento. Algo parecido a la timidez. ¿Miedo?
—Me temes… —murmuró, incapaz de creerse sus propias palabras cuando comprobó que el mentón barbudo temblaba, a pesar de que él intentara disimularlo—. Me temes, guerrero.
—No más que tú a mí, vascona.

Tiempo de lobosElena Garquin
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viernes, 19 de enero de 2018

Besos de libro #179 Tiempo de lobos (I)


—Dime una cosa —murmuró cuando pudo hacerlo—: ¿has estado casada alguna vez?
—¡No! ¿Cómo se te ocurre?
—Solo alguien con experiencia en el tema pondría esa cara. —Hernán siguió acercándose—. ¿Te han besado alguna vez?
Sí, pero reconocerlo supondría su absoluta desgracia.
—He recibido muchos besos, mi señor. Tendrás que ser más explícito para que pueda responderte mejor.
—Con mucho gusto.
No esperó un ataque tan fulminante, tan implacable… Tan delicioso.
Hernán sujetó su cabeza con ambas manos para evitar que se moviera. Ella fue incapaz de reaccionar a tiempo; para cuando pudo hacerlo, sencillamente, no quiso. Sintió que todas sus defensas se derrumbaban a sus pies cuando los labios de Hernán se clavaron en la carne de su cuello. Fue un placer fulminante lo que atacó todo el cuerpo para aposentarse entre sus muslos. Los cerró, esperando poder recuperar el control de sí misma. Pero solo consiguió echar la cabeza atrás para emitir un suave jadeo. El fuego prendió en su cuerpo como en la leña seca. Se sintió desfallecer. Morir. Como si realmente estuviera absorbiendo toda su sangre. Las piernas le fallaron y el corazón estuvo a punto de estallarle en el pecho. Debía resistirse. Luchar. Apartarlo de ella para mantener su orgullo a salvo. Elevó las manos e intentó cerrarlas en dos puños, pero se movieron solas hacia los cabellos rubios de Hernán.
Él se interrumpió de inmediato. La miró aturdido, sin hacer caso de la leve protesta que emitió, y veloz como el rayo le sujetó ambas muñecas para llevárselas a la espalda.
—No —murmuró con voz ronca y profunda—. No me toques.
Más que una orden parecía un ruego. Munia se adentró en la profundidad gris de sus ojos y asintió hipnotizada, esperando un nuevo asalto que no tardó en llegar.
Se vio llena de su sabor fuerte y profundo. No sintió miedo, ni repugnancia, ni nada de lo que la había abrumado con Odón. Su lengua se encontró con la de Hernán y la empujó para alejarla, pero él era más experimentado. Notó el tacto rugoso y firme, la humedad mezclándose con la suya. Cómo era devorada poco a poco, con un ímpetu arrollador que la arrastró con él. Lo imitó. Sus labios se acariciaron, se movieron al mismo compás. Se enredaron en una larga lucha que terminó con todas sus reticencias.
Estaba besando al hombre que más odiaba en el mundo. Se estaba dejando seducir por él, y lo que era aún peor, no deseaba que aquello terminara por nada del mundo.
Nunca había sido arrancada de sí misma con tanta fuerza. Proporcionándole la más peligrosa de las debilidades porque procedía del deseo, de la más excitante exigencia. Del oscuro poder de la carne.
El mundo dejó de existir para ella cuando Hernán mordisqueó sus labios para a continuación lamérselos. Sus manos eran tan grandes que pudo abarcar no solo sus muñecas, sino también sus nalgas. Ella las sintió en toda su plenitud masajeando, amoldando. Con un quedo gruñido que lo dijo todo, Hernán empujó sus caderas hacia ella para frotarse contra su vientre sin ningún pudor.
Munia se asustó al notar la longitud de aquella dureza que la quemaba a través de la camisa. Entró en pánico cuando comprobó que su cuerpo reaccionaba como si supiera lo que hacer.
Se removió inquieta. Emitió un gemido de protesta.
Y Hernán decidió atenderlo.
Nunca le había costado tanto trabajo separarse de una mujer como de ella. Lo hizo porque no estaba seguro de poder detenerse más adelante. La hubiera poseído allí mismo, de pie, junto al fuego encendido. Estaba tan excitado que le costaría un mal rato de dolor, pero era tal la satisfacción por la respuesta obtenida que no le importó padecerlo.
—A esto me refería —suspiró, uniendo su frente con la de ella y sujetándole la cara entre las manos—. Si te han besado antes así, ahora mismo te liberaré de tu compromiso conmigo. Pero si no… mañana nos casaremos.
Nunca la habían besado así y nunca lo harían. Ella lo supo con una certeza aterradora. Se dedicó a recuperar el aliento y dejó que él viera la duda en sus ojos negros.


Tiempo de lobosElena Garquin
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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Tiempo de lobos - Elena Garquin




Sinopsis
Un lobo solitario en busca de algo que dé sentido a su vida.
Una mujer que no puede ni quiere olvidar.
Obligada a casarse con el hombre al que más odia y del que ha jurado vengarse, Munia ve cómo se desvanece toda su ira cuando Hernán, más conocido como el Lobo Gris, decide que ella será para él más que un simple objeto de deseo. Su ternura, su constancia, incluso su honor, serán puestos a los pies de su esposa con tal de que ella acceda a mirarlo con otros ojos.
Munia y Hernán deberán luchar por su futuro al amparo de una guerra que no cesa, de los engaños de aquellos a los que el Lobo Gris ha jurado proteger, de las ambiciones disfrazadas de lealtades y de un pasado que vuelve para emponzoñar su presente.
¿Terminará venciendo este amor a pesar de todos los obstáculos que tendrá que superar?
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Lo primero de todo quiero agradecer el ejemplar facilitado por la editorial para poder leerlo. Me lo mandaron muy amablemente en pdf y yo encantada pero este libro lo necesito en papel y en cuanto salga, si es que al final deciden sacarlo en papel, me lanzaré de cabeza a por él. Eso es un hecho constatado porque este es de esos libros que quiero tener en mi estantería y llenarlo de post-its.

Este es el último libro publicado de Elena Garquin (hasta la fecha) y en el que volvemos a encontrarnos en la misma época, lugar y personajes de Tiempo de promesas. Pero no es una segunda parte como tal porque los protagonistas no son Martín y Jimena, sino Hernán, alias el Lobo Gris, y Munia.

¿Nunca habéis escuchado el dicho 'los amores reñidos son los más queridos'? Pues aquí se cumple a rajatabla. Porque vaya dos, vaya dos.

La historia comienza dos años después del final de Tiempo de promesas, cuando Hernán manda buscar a Munia al convento donde la tiene recluida para casarse con ella. Y claro, ella no está muy contenta con tener que casarse con el después de los acontecimientos finales del libro anterior.

En este libro, al igual que en cualquier libro de la autora, nos vamos a encontrar con pasiones, odios, envidias, amistad, traiciones y lealtades y un sinfín de sentimientos que nos hará la lectura muy amena.

Desde que conocimos a Hernán en el libro anterior, empezamos a pedirle a la autora su libro propio porque tenía potencial y porque se lo merecía. Aquí lo tenemos en todo su esplendor para conocerlo en profundidad y de la mejor forma posible.

Con Munia hace una pareja en la que saltan chispas desde el primer encuentro ya que los dos son dos fuerzas de la naturaleza a punto de colisión. Su relación se irá afianzando poco a poco con concesiones mutuas. Irán madurando como pareja a lo largo de las páginas y en cada capítulo.

Elena Garquin es especialista en crear malos detestables. Ya conocimos a Odón en el libro anterior y aquí tenemos a don Fabrique. Es de ese tipo de personajes que odias profundamente y de los que estás deseando leer que recibe su merecido. Que mal lo he pasado cuando tenía protagonismo porque su maldad es equiparable a la envidia y el rencor que es lo que el motor que mueve, principalmente, sus acciones.

Tiempo de lobos está narrado en tercera persona y en pasado. Tiene como referencia personal a Hernán y Munia pero también tiene como punto de mira otros personajes para que podamos tener una visión más global de la historia.

Tengo una pregunta para la autora que no sé cómo plantearla sin que sea un spoiler. Veamos, señora Garquin, ¿ese capítulo final del libro quiere decir que tiene en mente ya algo más para esos personajes que aparecen? Si es así estaría encantadísima sobre todo por dos de ellos que necesitan su historia. Creo que no he revelado nada, ¿verdad?

Tiempo de lobos ha sido una lectura que me ha gustado, que he disfrutado y sufrido, en el que las voluntades se van quebrando mediante concesiones y con una historia de amor muy bonita. Dicho lo cual tengo que decir también que me quedo con Martín, aunque el Lobo Gris es mucho lobo.

¿Lo conocíais?
¿Lo habéis leído? ¿Os llama la atención?
Contadme
Otras reseñas de la autora en el blog:
Tuareg
Casualmente Valentina
Tiempo de promesas
Boomerang


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miércoles, 30 de agosto de 2017

Estantería temática #42 Elena Garquin



Muy buenas a todos. ¿Que tal vuestro mes de agosto? Yo estoy deseando que pase el calor y llegue el otoño que el verano no es mi estación preferida. Pero bueno, vamos a lo que importa que es hablar de libros.

Hoy os enseño todos los libros que tengo (y que ha publicado hasta la fecha) Elena Garquin ya que este verano me he puesto al día con esta autora, tanto comprándome los libros que me faltaban como leyéndolos. Porque me los he leído todos.


Tuareg’ fue el primer libro que leí de Elena Garquin y, aunque me gustó mucho no lo llegue a disfrutar del todo porque el calor y el desierto me agobian un poco. Tengo que releerlo porque puede que no lo cogiera en el momento adecuado y Tahir bien merece una segunda oportunidad. Este es uno de los dos libros que me he comprado este mes.


La heredera’ ha sido el último que me he leído y el primero que publicó la autora. Es una especie de primera parte de ‘Casualmente Valentina’, pero se pueden leer de forma totalmente independiente. Tanto historias como personajes son totalmente diferentes. Diego no desmerece en nada a Rafael.

Casualmente Valentina’ me encantó. El ejemplar que tengo me lo mandó Phoebe muy amablemente y lo devoré en cuanto lo recibí. Rafael es mucho Rafael.

Tiempo de promesas’ fue otro libro que me encanto y que me leí a principios de este año. Elena Garquin es especialista en novela historia y le salen a las mil maravillas. Martín es, por el momento, mi personaje favorito de todos los que ha creado esta autora.

Tiempo de lobos’ ha sido un libro que ha sacado (o no) por petición popular porque Hernán, el Lobo Gris, necesitaba su libro y su historia para el solo. 



Con ‘Boomerang’ la autora quedo finalista del I Premio Romantic que convocaba la editorial el año pasado. Es la primera vez que leo un libro de contemporánea escrito por ella y, la verdad, es que me gustó mucho también. Ethan es un amor.



La mayoría de los libros están reseñados ya en el blog y lo estarán en breve los que faltan. Vaya maratón me he hecho este verano con esta autora. Y ya os dejo que me he enrollado como una persiana.

¿Conocéis a la autora? 
¿Habéis leído alguno de sus libros?

Reseñas de los libros de la autora en el blog:
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