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viernes, 8 de julio de 2016

Besos de libro #107 33 razones para volver a verte (I)



-Pecosa, ¿nunca te he dicho que eres preciosa? –Rachel tomó aire cuando sus miradas se enredaron y negó lentamente con la cabeza-. Pues debería haberlo hecho. Eres preciosa, Rachel –repitió.
Él dejó de sonreír y deslizó los dedos por la palma de la mano; la mantuvo abierta sobre la suya y recorrió con la yema del índice las líneas que surcaban aquella superficie aterciopelada. Quería meterse bajo su piel. Esa mano era tan perfecta, tan pequeña, tan delicada…
-¿Qué estás haciendo?
-No lo sé. Te toco. –Ascendió por el mentón y las mejillas, despacio, disfrutando del recorrido, como si estuviese dibujándola con los dedos en su memoria. Limpió las lágrimas que todavía brillaban sobre su piel, eliminando aquel rastro de dolor-. Y creo que voy a besarte.
-Mike…
-¿Te apartarás si lo hago?
-Tendrás que arriesgarte.
Lo hizo. Arriesgó.
Fue un beso tierno, húmedo, lento. Mike atrapó aquellos labios entre los suyos y mordisqueó con cuidado la piel suave y deliciosa mientras Rachel gemía en su boca.
Estaba perdiendo el control. Tenía la certeza de que aquello no era lo correcto; no para ella, al menos, pero la deseaba más que nada en el mundo. Y, por eso mismo, temía arrastrarla a su infierno. Ella merecía algo mejor, más estable.
Mike desechó la llamada de su conciencia y profundizó el beso acunando su rostro con ambas manos, trazando pequeños círculos con el pulgar sobre la mejilla. No quería perderla.
-Espera… -murmulló Rachel.
Ambos respiraban agitados. Él rozó sus labios una última vez, conteniéndose, y se separó de ella despacio, contemplando hipnotizado el rubor que le cubría las mejillas.
-¿qué ocurre?
-Solo… solo necesito asimilar… lo que acaba de ocurrir. –Emitió una risa dulce y Mike sonrió travieso y se inclinó sobre ella hasta que ambos estuvieron tumbados en el sofá. La miró desde arriba y le apartó con la mano el cabello suelto, despejando su rostro.
-De acuerdo. Puedes ir asimilándolo mientras sigo besandote, ¿no?
Deslizó la boca por su cuello y dejó un reguero de besos que desembocaba en la barbilla de la joven y se desviaba después por el pomulo, la punta de la nariz y sus labios entreabiertos.
Rachel cerró los ojos, todavía aturdida. Era como estar flotando a muchos, muchos metros de altura. Sentía vértigo. Las manos de Mike se movían por su cuerpo con soltura y cierta familiaridad, como si conociese de antemano cada tramo de piel.
Ella hundió los dedos en su cabello y le acarició la espalda con la otra mano. Cuando pensaba que era imposible estremecerse más, Mike inventaba nuevas caricias nuevos besos y nuevas palabras que le susurraba al oído. Deseando tocarlo, deslizó la camiseta por su torso y se la quitó. Se miraron en silencio. Ni huyó de aquellos ojos grises al despojarse también de la suya; permaneció quieta mientras el devoraba con la vista el sujetador azul oscuro que vestía. Mike inclinó la cabeza y depositó un beso suave en su estómago, al lado del ombligo, que le erizó la piel.
-Estas temblando.
-Estoy nerviosa.
Mike apoyó las manos a ambos lados de su cuerpo. Tenía el ceño fruncido y una mirada culpable que ella no supo descifrar.
-¿Por qué estas nerviosa?
-Porque sí. Porque eres tú y soy yo. Por eso mismo. Si fueses cualquier otra persona no sentiría nada, no temblaría. Te quiero, Mike. Siempre te he querido. Lo sabes.

33 razones para volver a verteAlice Kellen

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5 comentarios:

  1. Hola!! Sigo repitiendo que me encanta esta sección! :D

    Un beso!! ;)

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  2. aoiiiiiiii que poooochisss
    estos besos son muy cuquis
    reconoce que eres una besuconcitaaa (L)
    ayy mi neeeeeeftis
    un abrazoote

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  3. Tengo e libro pendiente, buena escena :P

    Besos

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  4. Hola! Escena perfecta para un libro muy muy bueno :)
    Besos!

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  5. Hola Neftis ¡vaya beso! hay mucho sentimiento y pasión :) gracias por compartir.

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