Entonces, él la tomó por la cintura y la llevó hacia sí. Su contacto le quemó en el cuerpo. Le acarició el cuello con los labios, y el roce le causó un temblor por todo el cuerpo. Leif se enrolló el pelo en la mano e hizo que inclinara la cabeza hacia atrás, y continuó dándole besos cálidos en el cuello y la garganta. De repente, Astrid no podía pensar.—Mi señor, yo...Sus palabras fueron interrumpidas por un beso apasionado, que no atendió a las protestas ni a la resistencia. Y, poco a poco, la resistencia fue desapareciendo y Astrid se dejó llevar, y el beso se hizo más profundo y persuasivo, y todo desapareció salvo el cuerpo musculoso que se estrechaba contra el suyo y el olor y el sabor de Leif.—Eres muy bella, Astrid. Bella y deseable.Él se inclinó, la tomó en brazos y la llevó hasta el lugar donde iban a dormir. La dejó en el suelo y cerró la cortina tras ellos. Con el corazón acelerado, ella lo vio acercarse hasta que solo los separaban unos centímetros. Leif no apartó la mirada de ella, pero no dijo nada; en vez de hablar, le quitó la ropa con cuidado, hasta que solo quedó cubierta con la camisa de lino. Entonces, la abrazó y la besó de nuevo, con más suavidad, buscando su respuesta. Astrid notó el calor de sus manos a través de la tela, y se estremeció. Leif lo percibió y se apartó para observarla, y ella leyó la pregunta en su semblante.Dio un paso hacia atrás; él no hizo ademán de impedírselo, y su expresión no se alteró. Sin embargo, la mirada de sus ojos azules era elocuente. La deseaba, pero no iba a forzarla. Lo que ocurriera después sería decisión suya. El corazón le golpeó el pecho. Lentamente, se quitó el camisón y lo dejó caer. Leif tomó aire bruscamente, y aquel sonido le provocó una sensación de poder, al igual que su mirada de sorpresa. Alzó la barbilla y, poco a poco, se soltó el pelo y lo agitó para que le cayera por los hombros.
Desafío
a un vikingo - Joanna Fulford





