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martes, 27 de febrero de 2024

Besos de libro #316 Si no hay un mañana (II)



Me tomé mi tiempo, trazando con un dedo sus abdominales, y luego con dos dedos, trazando un mapa sobre ellos, memorizándolos.
Seguí adelante.
Mis dedos se deslizaron alrededor de su ombligo y bajaron, alcanzando la cintura de los pantalones de franela que llevaba puestos. Su cuerpo sufrió un nuevo estremecimiento, lo cual provocó que se acercara más. Su muslo presionó contra el lateral del mío.
Esto no está bien.
No debería estar haciendo aquello, pero saberlo no me detuvo. Lentamente, levanté mi mirada hacia la suya.
Sus ojos eran azules como el mar más profundo que yo hubiera visto jamás, como los que había rodeado con un círculo en el mapa que había sobre mi escritorio. De alguna manera nuestros rostros se habían acercado más y más durante mi exploración. Nuestros alientos se entremezclaban.
Reduje la distancia.
El contacto de mi boca contra la suya fue tan impactante y electrizante como la primera vez, tal vez incluso más intenso ahora. Fue simplemente el más dulce y suave de los roces. Tan solo mi boca moviéndose contra la suya, y entonces su mano se enroscó en mi nuca.
Dejé escapar un sonido que nunca antes me había escuchado a mí misma, abriéndole la boca, y cualquier control que Sebastian estuviera ejerciendo, lo que fuera que lo estaba reteniendo, se quebró. Sebastian me besó, me besó de verdad. Mi corazón amenazó con explotar. Su lengua se abrió paso. Sabía a menta y a él. Mi mano se movió hacia su cadera y le instó a acercarse más, pero no podía acercarse. No con mis costillas doloridas y el brazo roto.
Pero me besó, bebió de mis labios, de mi boca y de mis suspiros. Y se movió hacia abajo, mordiéndome el labio inferior, provocándome un gemido, y trazó un camino de besos por mi garganta cuando arqueé la cabeza hacia atrás, dándole más acceso. Lamió y succionó, prestando especial atención a ese punto justo bajo mi oreja que hizo que mis dedos de los pies se curvaran y mis caderas se movieran sin descanso. A continuación devoró mis labios una vez más, nuestras lenguas enredadas y el único sonido en la habitación era nuestro jadeo.
No tenía ni idea de cuánto tiempo estuvimos besándonos. Se alargó muchísimo, y no era falso ni fingido cada vez que nos lanzábamos de nuevo sobre el otro, ansiando y rogando silenciosamente por un poco más. Los amigos no se besaban así. No se aferraban el uno al otro como lo estábamos haciendo nosotros, mis dedos hundidos en su cadera y en su costado, su mano sosteniéndome con firmeza por el cuello, en absoluto dispuesto a dejarme ir a pesar de que no me estaba alejando.
Y seguimos besándonos y besándonos.
Cuando su boca finalmente se separó de la mía, apoyé la frente contra su hombro. Respiré pesadamente y atrapé su camiseta entre mis dedos. Durante lo que pareció una eternidad, ninguno de los dos se movió, y entonces él volvió a tumbarse de lado. Dejó la mano sobre mi cadera y la deslizó arriba y abajo por mi espalda en movimientos largos y suaves. Con su aliento bailando cálidamente sobre mi mejilla.
Y no hablamos durante el resto de la noche.

Si no hay un mañanaJennifer L. Armentrout



martes, 28 de noviembre de 2023

Besos de libro #315 Tú y otros desastres naturales (IV)



El hombre que había irrumpido en mi vida como un huracán y me hizo creer en mis sueños se inclinó poco a poco sobre mí hasta estar tan cerca que el aire que escapaba de su boca tentaba a la mía.
Sus labios rozaron los míos, casi sin tocarlos.
Cerré los ojos por puro instinto y esperé.
Volví a sentirlo, pero esta vez no fue solo un roce. Sus labios presionaron los míos mientras acogía mi rostro entre sus manos. Fue dulce y delicado, tierno y al mismo tiempo devastador.
Me rendí a ese beso y lo devolví. Temblé por dentro. Jamás había sentido tanta intimidad con otra persona. Ni siquiera cuando estuvimos juntos esa primera vez. No sabía que podía ser así. Y cuando su lengua rozó la mía, mi corazón empezó a girar como una noria y supe que nunca más querría besar a otro chico como lo estaba besando a él.
Un pensamiento saltó de mi mente y cobró vida: seguía queriéndole, y darme cuenta me asustó.
Me aparté entre jadeos y tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no abalanzarme sobre él y volver a besarle.
—Creo que esto ha sido un error —musité, con la respiración todavía agitada.
Él sonrió como si supiera un secreto que yo ignoraba y deslizó el dorso de su mano por mi mejilla.
—Me encantan las cosas tan bonitas que me dices —comentó, dándome un besito mucho más casto. Sonreí como una tonta, no pude evitarlo—. Ahora cierra los ojos y prométeme que no vas a abrirlos hasta que yo te diga. Estamos a punto de llegar a un sitio y quiero que sea una sorpresa.


Tú y otros desastres naturalesMaría Martínez 


jueves, 26 de octubre de 2023

Besos de libro #314 Baile de ladrones



 

Se paró con las fosas nasales dilatadas, cauteloso, a la espera.

—Un beso no acabará con todo lo que nos diferencia, Jase. No es…

—¡No espero que acabe con todo lo que nos diferencia! —siseó—. Solo te estoy pidiendo que seas sincera, ¡solo sobre esto, nada más! ¿Quieres dejar de pensar en lo que pasará mañana o dentro de un año? ¡Maldita sea! ¿Qué quieres ahora, en este momento?

Lo miré, incapaz de hablar.

El corazón me iba a toda velocidad. «¡Da un giro! ¡Calma! ¡Que él parpadee antes!». Todas mis reglas se desplomaron en caída libre. Sentí que se alejaba de nuevo y le tiré de nuevo del cinturón para detenerlo. Lo miré a los ojos. Dentro de mí, todo salió disparado en diferentes direcciones.

Sí, Jase Ballenger, quiero besarte. No para que nos vea nadie ni para llevarlo lo mejor posible. Quiero besarte porque te quiero a ti, cada parte de ti, hasta esas partes que me sacan de quicio, porque me has infectado con un veneno que no quiero que salga de mí, porque eres una víbora enloquecida que se retuerce en torno a mi cintura y me corta la respiración, pero te quiero a ti más de lo que quiero respirar. Sí, Jase, te quiero besar, porque sí, pero no te puedo prometer un mañana.

Me miró. Vi cómo le calaban en los ojos mis palabras. Las midió, les dio la vuelta, las rechazó, las absorbió. Por fin, relajó un centímetro los hombros.

—¿Un veneno? —Una sonrisa se dibujó en sus labios—. Ven, te voy a infectar un poco más.

Baile de ladronesMary E. Pearson


jueves, 25 de mayo de 2023

Besos de libro #313 Cómo romper las reglas y no morir en el intento (II)



Su gesto de satisfacción por sentirse victoriosa hizo que su rostro brillara, mostrándola aún más bella de lo que ya era. Una parte de mí quería sacarla de allí a rastras. Estaba seguro de que, si realmente había un asesino en aquella sala, cualquier otro posible objetivo, incluida la agente Perkins, quedaría eclipsado por la belleza frente a mí. La otra parte, quería besarla hasta que perdiera el sentido o, más bien, lo recobrara y decidiera volver a su piso. Para esperarme allí, a ser posible desnuda, hasta que terminase la operación.
La conocía lo suficiente como para saber que no se iría de allí por su propia voluntad y que obligarla a marcharse no era una opción. No si no quería montar un escándalo y esperaba poder volver a estar en su cama en algún momento. Algo que confiaba en que ocurriera aquella misma noche, porque si de algo estaba seguro era de que no iba a irse a su casa con el tipo que había venido.
Sus labios me llamaban a gritos, impidiéndome seguir el hilo de mis propios pensamientos. Paula me miraba con un atisbo de duda asomando en sus enormes ojos azules, mientras mordisqueaba su labio inferior y eso fue todo lo que necesité para olvidarme de dónde estábamos y por qué habíamos ido allí.
Mis manos se aferraron a sus caderas atrayéndola hacia mi cuerpo. Caí sobre su boca dispuesto a devorarla sin piedad, queriendo dejarle claro quién era para ella, recordarle lo que eran nuestros cuerpos cuando se unían, el placer que solo yo podía darle. Sus labios se separaron respondiendo a mi beso, abriéndose dispuestos y entregados para el ataque de mi lengua, ansiosa por perderse en su sabor y recorrer cada uno de sus recovecos.
Aquella mujer me volvía loco. Me hacía desear cosas que no eran posibles, olvidarme de mis obligaciones. Era un peligro, pero uno en el que deseaba perderme más de lo que ansiaba mi próximo aliento.


Cómo romper las reglas y no morir en el intentoKaera Nox



jueves, 27 de abril de 2023

Besos de libro #312 Tú y otros desastres naturales (III)



—¡Es cierto! ¡Que se fastidien!
—¡Que se jodan! Nadie puede elegir tu camino porque solo te pertenece a ti.
Le sonreí, contenta de que me entendiera.
—Eres un sabelotodo, pero me gusta eso de ti.
Sus ojos permanecían sobre los míos, intensos, llenos de mil matices y, por un momento, me dejó sin aliento. Noté otro tironcito de ese hilo invisible que parecía conectarnos esos últimos días y todos mis pensamientos me abandonaron.
Quizá por eso hice caso a la primera tontería que se me pasó por cabeza.
Me incliné torpemente y pegué mis labios a los suyos con mi mano acunando su mejilla. Los presioné durante un segundo. Su boca me devolvió la presión y su pecho se elevó con una profunda inspiración.
Me separé de él tan rápido como pude, consciente de pronto, y salté de la cama.
—Gracias —susurré mientras salía de la habitación.

Tú y otros desastres naturalesMaría Martínez
 

 


jueves, 23 de marzo de 2023

Besos de libro #311 Nosotros en la luna (IV)



No me molesté en mirarlo. No quería.
—Es demasiado arriesgado.
—Ya. Una idea terrible —asentí.
—Tú. Yo. Podría ser catastrófico.
—Sí. Será mejor evitarlo.
—Vale. —Dio un paso hacia mí.
—Vale. —Contuve el aliento.
Y un segundo después me sostuvo la barbilla con los dedos y nuestras miradas se enredaron antes de que me diese un beso ansioso, brusco y salvaje. Gemí, sorprendida. Rhys me alzó y me sentó en la mesa blanca de la cocina. Rodeé sus caderas con mis piernas, atrayéndolo, respirando agitada. Porque con él era así. Con él era pasar de cero a infinito en un segundo, ceder el control, dejar la mente en blanco. Y nunca había deseado tanto a nadie. Nunca había tenido a otra persona pegada a mí y había sentido la necesidad de que estuviese aún más cerca, más, más, aunque fuese imposible. Hundí las manos en su pelo y tiré con suavidad cuando sus labios se perdieron en el escote del vestido holgado que llevaba.
—Rhys…
—Dime.
—¿Qué significa esto?
—No lo sé. —Me miró con las pupilas dilatadas, el gris de sus ojos oscurecido, sus manos internándose bajo el vestido—. Significa que te deseo más que el miedo que me da perderte… —Tiró de mi ropa interior—. Y te aseguro que me aterra que eso ocurra. Me aterra… que algo se rompa entre nosotros. Pero cuando te miro…


Nosotros en la lunaAlice Kellen 
 


jueves, 23 de febrero de 2023

Besos de libro #310 Double trouble (III)




—¿Quién anda ahí? —preguntó una voz profunda—. Joder. Dos putos salidos. Buscaos un hotel y largaos de aquí.
Aquello había roto el hechizo. El grito de Charlie había llamado la atención del vigilante y este había acudido a investigar. Llevaba la mano a la espalda, por lo que imaginé que iba armado. Se alejó negando con la cabeza.
—Por poco —suspiró Charlie.
—Creo que ya puede soltarme el culo, señorita Miller —apunté con nuestras narices rozándose todavía.
—Me gusta donde están mis manos ahora mismo, Lance —replicó ella apretándolo más—. ¿Cuántos besos vamos a tener que darnos para que empieces a llamarme Charlie?
—Más de dos, eso seguro —solté como un gilipollas. Debería habérmelo esperado.
Ella volvió a tirar de mi pelo para besarme. La agarré por las caderas para izarla y sus piernas me envolvieron de inmediato, como si me hubiese estado esperando. Rodeó mi cuello con los brazos mientras su lengua volvía a entrar en mi boca. Me dejé llevar y agarré sus nalgas con fuerza. Gimió. Gemí. Aquello se nos estaba yendo de las manos. Teníamos que parar de inmediato o acabaría mal. Siempre acababa mal. Rompí el beso con un gruñido.
—Creo que tres son suficientes, Charlie. —Darle la victoria era la única manera de detener aquello. Ella dejó escapar algo parecido a un quejido y soltó la presa de sus piernas para volver al suelo. Sus brazos, sin embargo, seguían alrededor de mi cuello.
—Besas muy bien, Lance —dijo con los ojos brillantes.
—Tú también, Charlie —concedí intentando rehacerme.
—Lo sé. —Había una sonrisa traviesa en su cara mientras centraba su mirada en mi entrepierna—. No podrías ocultarlo, aunque quisieras.

Double troubleSara Halley / Martin McCoy




jueves, 26 de enero de 2023

Besos de libro #309 Nosotros en la luna (III)



Lo vi debatirse. Tenso, ansioso. Y entonces di un paso hacia atrás, alejándome de él, porque esa vez no pensaba ser la que se arriesgase, no iba a forzar algo si no tenía que ocurrir. Me di la vuelta dispuesta a ir hacia la barra de nuevo cuando noté sus brazos rodeándome la cintura, su pecho pegado a mi espalda, sus labios en la nuca, besándome suave…
Inspiré hondo, temblando. Rhys se movió hasta quedar delante de mí, con sus dedos jugueteando distraídamente con el borde del vestido rojo.
—¿Ves como deberíamos haber puesto normas?
—Yo te dije que mantendría las manos quietas.
—Pero nunca hablamos de si yo sería capaz…
Y entonces sus labios chocaron con los míos con rabia, con anhelo, con tantas ganas que le rodeé el cuello para mantener el equilibrio en el suelo resbaladizo por la espuma. Jadeé al rozar su lengua, al besarlo como si el mundo fuese a acabarse esa noche y no nos quedase más tiempo. Nos movimos por la sala con los ojos cerrados, sin separarnos, sin prestar atención a nada de lo que nos rodeaba. Solo él. Yo. Los dos perdidos entre besos, entre las luces y el aire denso de aquel lugar. Quería más. Lo quería todo de él.
Rhys rompió el contacto. Respiró bruscamente mientras sus manos acogían mi rostro y sus ojos se clavaban en los míos. Parecía perdido. También más vivo que nunca. Asustado y eufórico. Anhelante y algo desorientado. Miré sus labios enrojecidos.
—Vámonos de aquí. —Me dio otro beso más.
Otro. Y otro. Cada beso, una huella invisible.


Nosotros en la lunaAlice Kellen 


martes, 27 de diciembre de 2022

Besos de libro #308 Te regalaré pensamientos (IV)



—Si te es indiferente, y todo el mundo piensa que somos amantes, seámoslo.
Sabía que se había lanzado de cabeza y sin red. Pero después de haberla tenido entre sus brazos, saboreado sus besos y comprender cuánto le gustaba… El recuerdo de aquellos breves instantes ocupaba todos y cada uno de sus pensamientos.
—No eres el único interesado. Lo tendré que pensar —dijo con indiferencia. Intentó rodearlo, pero él la tomó por la cintura y la pegó a su cuerpo.
—¿Quién? —exigió cuando el sentimiento amargo de los celos lo mordió como una serpiente venenosa y extendió su ponzoña.
—No es asunto tuyo, Cameron.
—¿El nuevo marqués? —continuó él—. Ese hombre no es trigo limpio. Busca acercarse a ti para su propio beneficio económico.
—¿Insinúas que no puedo agradarle? ¿Que no me desearía en su cama?
—Cualquiera en su sano juicio lo haría —la apretó con más fuerza y subió una mano hasta enredarla en su cabello trenzado para inclinarle la cabeza—. Y yo perdería el mío si eso sucediese.
Jamás había necesitado tanto besar a alguien. Fue casi como encontrar un manantial para el sediento, un manjar para el hambriento o un te quiero para un alma enamorada. Dominó sus labios como deseaba controlar sus desatados instintos. Absorbió sus jadeos y la arrastró hasta sentarla sobre uno de los bancos de madera, preparados para albergar plantas, pero vacíos de momento. Necesitaba convencerla de que él era su única opción, como ella era la suya. Así le fuera la vida en ello.
Una vez más, Maddison se dejó arrastrar por aquella pasión cegadora. Con cada beso, roce de su lengua o caricia de sus manos sobre su piel la estimulaba más. Lejos de calmarla, encendía su cuerpo, adormilado y acostumbrado a otro tipo de contacto físico. Pese al frío, sintió que la ropa estorbaba. La de ambos. Entre besos, tiró del pañuelo del cuello de Cameron que cayó al suelo en una cadencia silenciosa. Desabotonó con dedos torpes el cuello de la camisa y luchó por abandonar sus labios para posarlos donde el pulso le latía desbocado. El sonido ronco de su voz le proporcionó el placer de saber que podía controlar a aquel hombre. Que tenía en sus manos el dominio de su placer. Presionó con la lengua y apretó con sutileza los dientes hasta que lo sintió estremecer.
Cameron subió las manos por la cintura hasta el borde del corsé y con los pulgares rozó sus pechos. Escuchar las exhalaciones de Maddison borró todo rastro de sentido de común. Frustrado, deseó deshacerse de todos los refajos que se interponían entre ellos y, con más brusquedad de la que debiera, comenzó a subir su falda hasta presionar con su entrepierna el centro de su sexo. Fue un alivio insuficiente y una tortura excesiva a la vez.
—Me volveré loco si no te tengo.

Te regalaré pensamientosTessa C. Martín




martes, 29 de noviembre de 2022

Besos de libro #307 Un pretendiente para la señorita Bowler (V)



Lorianne estaba mostrando la mujer que llevaba dentro, y él hacía rato que había dejado de lado la sensatez del hombre responsable que era. Con un movimiento audaz y arriesgado, Nerian soltó los primeros botones que cerraban el frente del vestido. Los pechos, pequeños y firmes, liberados en parte de la presión del ajustado corpiño, cubiertos solo por la fina tela de la camisola, se asomaron impúdicos al improvisado escote. Nerian sintió que todo su cuerpo respondía a la sublime visión y cayó rendido ante la colosal sensualidad del cuerpo femenino.
Lori contuvo la respiración. No estaba del todo segura de lo que pasaría a continuación, pero deseaba descubrirlo. Deseaba volver a sentir el abrasador contacto de su mano y el sabor de sus besos llenándole la boca.
Adivinando la necesidad de la joven, Nerian mordisqueó su labio inferior, lo succionó y jugueteó con su lengua. Fue ella quien le salió al encuentro, perdiendo el escaso control que le quedaba. Mientras se devoraban, los dedos de él regresaron sobre los botones del vestido, desabrochando los suficientes para que los senos escaparan de su encierro. Cubrió uno de ellos con la mano, apretándolo ligeramente, notando contra la palma la dureza de su vértice.
Con un nuevo mordisco en el labio inferior, Nerian puso fin al beso, pero no se alejó. Aún se entretuvo en lamer sus labios una última vez antes de arañar con los dientes la tierna barbilla de Lorianne. Entre tanto, desataba la cinta de la camisola, apartaba la fina tela y acariciaba la exquisita piel de los pechos mientras iba dejando un rosario de besos y lametones sobre el perfil de su rostro.
Lorianne, con la cabeza ladeada y la respiración atorada en la garganta, contuvo a duras penas un desgarrador y frustrado gemido. Su interior ardía, las piernas le fallaban y el centro de su placer palpitaba de necesidad. Se retorció contra el sólido cuerpo que se apretaba contra el suyo.


Un pretendiente para la señorita BowlerAna F. Malory

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jueves, 10 de marzo de 2022

Besos de libro #306 Te regalaré pensamientos (III)



—¿Deseas besarme? —susurró sobre su boca.
—Más que respirar —contestó con voz ronca a la vez que la apretaba con más fuerza contra su cuerpo.
Un jadeo traicionero escapó de sus labios por la vehemencia de Cameron.
—Cuánto anhelo —dijo irónica.
Harto de tanta palabrería e incapaz de retenerse por más tiempo, se lanzó a sus labios, pero para su desesperación, solo consiguió rozarlos antes de que ella se retirara hacia atrás.
—Considero esto más que suficiente.
—Ni por asomo. —Con apenas dos pasos la arrinconó contra la esquina de la ventana—. Quizá lo que temes es que te bese de verdad y te guste demasiado.
—Ya me han besado de verdad durante muchos años y dudo que tus atenciones superen a las de mi marido.
Cameron apretó los dientes. La envidia que había sentido por el hombre que se lo dio todo lo hizo sentir ruin, pero ahora fue incapaz de controlarla. 
—Permíteme que lo dude.
La besó. Asaltó su boca como un pirata reclama un botín, con todas las armas a su alcance y la necesidad de conseguir una rendición. Y ella se vio sobrepasada por todo el ardor que la invadió. Jamás lo reconocería, pero nunca la habían besado con aquella urgencia, con aquel ardiente deseo. Arthur había sido un amante paciente y atento, Cameron era un huracán que arrasaba toda reticencia y la arrastraba a una pasión hasta entonces desconocida. Respondió a su beso porque no tenía otra opción, porque la parte racional de su mente quedó enmudecida por la emocional y por el latir desbocado de su corazón. Cameron no le daba tregua. La estaba devorando, degustaba hambriento sus labios y barría con su lengua los jadeos que escapaban de su boca. Estorbaba la ropa, su piel ardía y solo las manos de Cameron parecían poder aplacar aquel fuego que amenazaba con consumirla.
Cameron gruñó. Pensó que con un beso tendría suficiente, pero tarde se dio cuenta de que ansiaba más, todo en realidad. Odió más que nunca aquel feo vestido que se interponía entre ellos. Odió no tener una cama a su disposición para llevarla hasta ella, despojarla de todo y acariciar cada centímetro de su piel. Ansió que ella lo deseara tanto como él porque ahora que había vuelto a tenerla entre sus brazos no pensaba dejarla escapar.
En la lejanía, Maddison escuchó un sonido constante. Un golpeteo desagradable que la hizo volver de la bruma del placer. De pronto, comprendió que llamaban a la puerta. Con todas sus fuerzas, apartó a Cameron, que se tambaleó por la sorpresa y siguió mirándola como un león a su presa.

Te regalaré pensamientosTessa C. Martín


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jueves, 3 de marzo de 2022

Besos de libro #305 Tengo un whatsapp (IV)



Hubiera parado el ascensor para hacer algo más que abrazarte, pero no hubiera sido buena idea.
Nos reímos de nuevo y cuando dejamos de hacerlo, nos miramos con esa intensidad tan nuestra. ¿He dicho nuestra? Ya empezaba a haber cosas nuestras.
Los dos nos buscamos los labios a la vez, con un deseo contenido, descarado, lujurioso. Aquel beso no fue tan calmado, más bien parecía que teníamos un poco de prisa por saborearnos de nuevo. Juntamos nuestros cuerpos y el calor nos invadió al instante.
Mis manos subieron hasta su cuello y las suyas bajaron hasta la cinturilla de mi falda, para, una de ellas, bajar con lentitud por mi pierna hasta llegar a la costura. Subió, acariciando mi piel, y tragué saliva y mil cosas más que sentí por dentro. ¿Iba a tocarme? ¿Ahí en la terraza? Ufff. Quería y no quería pero el placer pudo conmigo y pensé que hiciera lo que le saliera de allí, así mismo.
Su pulgar apretó mis carnes y acarició mi piel hacia mi epicentro, tan cerca que sentí mi cuerpo como gelatina.
Andrea jadeó en mi boca.
Madre mía…
Me tienes en vilo
¿Por?
Nos separamos unos segundos y leímos el deseo en nuestros ojos.
¿Qué quieres? su pregunta tan directa se me quedó en el estómago.
Lo quería a él.
El deseo me nubló cualquier otro pensamiento que quisiera surgir de mi mente y lo besé de nuevo mientras le iba hablando.
Vamos a mi piso
Víctor apretó su erección en mi vientre y sentí que perdía el sentido. Solo de pensar en su sexo... ufff.
¿Y tus caseros?
Seguimos besándonos con ese desespero.
Entramos a escondidas
Solo pensaba en sentir y sentir más. Aquello era parecido a las diferentes drogas que había probado, pero mucho peor porque no había nada de malo en eso para mi salud, podría engancharme con facilidad a él. Pero no quería pensar en eso, ahora no.
Vamos dijo mientras andábamos hacia la puerta de nuevo, besándonos y riendo.

Tengo un whatsappSusana Rubio


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martes, 8 de febrero de 2022

Besos de libro #304 Un pretendiente para la señorita Bowler (IV)



Tal vez si ella se hubiera mostrado más cohibida o asustada, Nerian habría tenido la cordura de detenerse, pero se veía incapaz de hacerlo con ella restregándose contra la dureza de su entrepierna y respondiendo con tanta pasión a sus besos. Incluso la forma en que introducía los dedos por su cabello y tironeaba de él se le antojaba deliciosa y provocadora, y lo único en lo que podía pensar era en hacerla suya.
No podía hacer tal cosa en medio del bosque. ¡No podía hacer tal cosa y punto! Incluso en su demencia lujuriosa era muy consciente de ello.
—Dime con quién has venido —preguntó con un susurro ronco, al tiempo que sus labios, sus dientes y su lengua jugueteaban con el lóbulo de la oreja de Lorianne. Necesitaba distraer su cerebro o terminarían rodando, desnudos, por el suelo.
—Sola. —Casi jadeó la respuesta, pues la mano de Worth continuaba acariciando sus pechos desnudos y su boca arrullaba su oreja, provocándole escalofríos que recorrían de arriba abajo su espalda y terminaban en las duras puntas de sus senos.
—Debería reprenderte por eso —amenazó Nerian, consciente de que sí le enfurecía que ella hubiera sido tan imprudente, pero estaba demasiado excitado como para hacer algo al respecto en ese momento, y entablar una conversación no parecía estar dando resultado. Continuaba igual de duro.
—Vine a recoger mis guantes —se justificó ella con la voz entrecortada.
—Ya hablaremos después de tu insensatez.
Con ese escueto comentario, negándose a considerar su propia imprudencia y colocando las manos de nuevo sobre el magnífico trasero de Lorianne, la alzó sin dificultad hasta tenerla a su altura.


Un pretendiente para la señorita BowlerAna F. Malory

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lunes, 24 de mayo de 2021

Besos de libro #303 Tengo un whatsapp (III)



¿Vamos?
Andamos los pocos pasos que había hasta el portal de mi edificio en silencio y cuando abrí, me giré para decirle adiós. Pero Víctor estaba esperando la ocasión para cogerme de la cintura y entrar conmigo dentro.
Un beso, solo te pido uno dijo muy cerca de mis labios.
Ufff. ¿Cómo iba a decirle que no?
Sus manos cogieron mi rostro, con sus dedos enredándose en mi pelo. Cerré los ojos, a la espera de sentirlo.
Joder, nena, eres la viva imagen del erotismo.
¿Yo?
Ladeó un poco la cabeza y posó sus labios en los míos, con esa parsimonia que lo caracterizaba. Hubiera jurado que Víctor era de aquellos tipos rudos y brutos al besar, pero no, era todo lo contrario. Parecía que se lo tomaba con mucha calma y que disfrutaba con esa lentitud.
Entreabrimos la boca a la vez y nuestras lenguas se reencontraron. Húmedas, suaves, presionando la una contra la otra con esa presión justa para querer más.
Dios, me estaba derritiendo de nuevo con un solo beso. Se me iba la cabeza y mis manos cogieron la cinturilla de sus vaqueros para acercarlo a mí. Ambos respiramos con más dificultad al notarnos tan cerca.

Tengo un whatsappSusana Rubio

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