—Me ha tendido una trampa.
—Eso es justo lo que he hecho. Dejaré que se vengue como mejor le parezca.
Ella volvió a sonreír. Era tan bonita, la condenada. Claro que le dejaría
que se vengase; le permitiría cualquier atrocidad con tal de compensar la pena
que le había infligido. Apenas podía pensar cuando la tenía delante, y su
aspecto en ese momento lo volvía loco de necesidad por ella; con aquellos
preciosos ojos tan embargados de emociones y el flexible cuerpo pegado al suyo.
—Valery… —murmuró mientras su mano viajaba por voluntad propia hacia su
rostro para enmarcarlo y su nariz se colapsaba de aquella fragancia a jabón de
lavanda que ella desprendía.
—No lo haga —suplicó ella.
—No creo que pueda evitarlo.
Su cuello era fresco allá donde sus dedos alcanzaron el nacimiento del
cabello, suave y sedoso. Los pulgares le ayudaron a dirigir sus mejillas hacia
arriba para poder encontrar sus labios.
Los halló ardientes y húmedos, esponjosos. Los besó con deleite y se
maravilló de los estremecimientos que recorrieron sus brazos y sus piernas.
Valery se sujetó con fuerza a sus antebrazos y gimió de un modo casi
imperceptible en el momento en que se rindió al asalto. Entonces abrió su boca
y le permitió explorarla con la lengua, como aquella otra vez. No había podido
olvidar aquel dulce beso, que nada tenía que ver con este, pues en ese instante
Dunhcan sentía una urgencia diferente.
Bajó las manos hasta rodearle la cintura y la apretó contra su cuerpo, al
tiempo que ahondaba en su boca, más exigente, con más entusiasmo. Ella no solo
no se asustó, sino que le sujetó la cara entre las manos y empleó su propia
lengua para buscarle y acariciar las partes blandas de su boca. Dunhcan no
podía dejar de sentir aquellos pechos firmes contra él, y si ella tenía alguna
idea de la sexualidad masculina, no podía dejar de estar notando su erección
contra el vientre.
La empujó hacia una de las cuadras vacías, hasta que su espalda tocó la
pared. Abandonó su boca y recorrió con fervor su mandíbula y el inicio de su
cuello. Comenzó a desabrochar botones, para poder seguir besando más piel. Ella
enterró las manos en su cabello y dejó caer la cabeza contra los tablones de la
cuadra. Con un breve vistazo comprobó que tenía los ojos cerrados y que estaba
completamente entregada a la pasión, del mismo modo que lo estaba él. Cuando
consiguió desprender de sus ojales los botones del escote, dejaron a la vista
el canesú de su ropa interior. Llevó hasta allí sus labios al mismo tiempo que
una de sus manos envolvió uno de esos pechos mientras la otra la mantenía
sujeta por la cintura.
—Oh, por favor… —musitó Valery cuando se sintió acariciada.
Una impostora en Minstrel Valley – Mariam Orazal
Hola ^^
ResponderEliminarSiempre digo lo mismo jeje pero es que tengo ganas de echar mano a estos libros jeje
¡Hola! =)
ResponderEliminarNo he leído el libro, pero me gusta la escena :P
Un abrazote y felices fiestas ^^
hola,
ResponderEliminareste 2020 caen saga y libro asi que me has dejado con los dientes bien largos
Besotesssssssssssssssss
Hola preciosa!
ResponderEliminarUn fragmento muy interesante, te deja con ganas de saber más.
❀ Fantasy Violet ❀
Besotes! 💋💋