—Buenas noches, Lucas. —Me aproximé para darle dos besos, uno por mejilla, pero me devolvió la cobra que le hice el día que nos conocimos.
—No tenía previsto despedirme de este modo tan frío —confesó.
—Entonces ¿cómo? ¿Con una salva de fuegos artificiales? —bromeé para intentar rebajar la tensión latente entre los dos.
Me puse a contemplar el cielo, buscando El Cinturón de Orión como referencia para orientarme. Era una costumbre que había adquirido desde pequeña, después de que mi abuelo me enseñase un mapa estelar.
—Básicamente, como acaban las buenas citas —replicó para después añadir —: Con un buen morreo.
Acortó la distancia entre nosotros y en un movimiento brusco, como de urgencia, puso una mano en la zona baja de mi espalda y con la otra me sujetó la barbilla. Mis caderas tocaban sus vaqueros de forma descarada cuando acercó sus labios a los míos. Si esa iba a ser la despedida… no iba a poner objeciones. Pasé mis brazos por su cuello y me puse de puntillas para tener mejor acceso a su boca. Su lengua rozó la mía y saltaron chispas entre nosotros, la temperatura subía sin control alguno. Metí mis manos por debajo de su camiseta sin poder refrenarme y él hizo lo propio. Necesitaba contacto piel con piel. No sé cuánto tiempo pasamos así, pero fui yo la que decidió poner fin a ese beso desenfrenado. Si una de las monjas hubiera aparecido en ese instante, me habría expulsado por mala conducta…, pero poco me importaba.
—Eso ha sido… —No era capaz de hilvanar una palabra con otra. Tenía fuego por todo el cuerpo y respiraba copiosamente.
—Increíble —Lucas completó la frase por mí.
—Más bien totalmente inapropiado, nos hemos dejado llevar por la emoción del momento —resoplé, colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja. La luz del portal apenas iluminaba y no podía ver su rostro con claridad.
—Niégame que tú no querías esto del mismo modo que yo —me retó, implacable, pasando un dedo por mi labio inferior.
Cortocircuito – Iris Mackenzie





