―Hubiera parado el ascensor para hacer algo más que abrazarte, pero no
hubiera sido buena idea.
Nos reímos de nuevo y cuando dejamos de hacerlo, nos miramos con esa
intensidad tan nuestra. ¿He dicho nuestra? Ya empezaba a haber cosas nuestras.
Los dos nos buscamos los labios a la vez, con un deseo contenido,
descarado, lujurioso. Aquel beso no fue tan calmado, más bien parecía que
teníamos un poco de prisa por saborearnos de nuevo. Juntamos nuestros cuerpos y
el calor nos invadió al instante.
Mis manos subieron hasta su cuello y las suyas bajaron hasta la cinturilla
de mi falda, para, una de ellas, bajar con lentitud por mi pierna hasta llegar
a la costura. Subió, acariciando mi piel, y tragué saliva y mil cosas más que
sentí por dentro. ¿Iba a tocarme? ¿Ahí en la terraza? Ufff. Quería y no quería
pero el placer pudo conmigo y pensé que hiciera lo que le saliera de allí, así
mismo.
Su pulgar apretó mis carnes y acarició mi piel hacia mi epicentro, tan cerca
que sentí mi cuerpo como gelatina.
―Andrea ―jadeó en mi boca.
Madre mía…
―Me tienes en vilo…
―¿Por?
Nos separamos unos segundos y leímos el deseo en nuestros ojos.
―¿Qué quieres? ―su pregunta tan directa se
me quedó en el estómago.
Lo quería a él.
El deseo me nubló cualquier otro pensamiento que quisiera surgir de mi
mente y lo besé de nuevo mientras le iba hablando.
― Vamos… a… mi… piso…
Víctor apretó su erección en mi vientre y sentí que perdía el sentido. Solo
de pensar en su sexo... ufff.
―¿Y tus caseros?
Seguimos besándonos con ese desespero.
―Entramos… a escondidas…
Solo pensaba en sentir y sentir más. Aquello era parecido a las diferentes
drogas que había probado, pero mucho peor porque no había nada de malo en eso
para mi salud, podría engancharme con facilidad a él. Pero no quería pensar en
eso, ahora no.
―Vamos ―dijo mientras andábamos hacia la puerta de nuevo, besándonos y riendo.
Tengo un whatsapp – Susana Rubio


