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viernes, 20 de julio de 2018

Besos de libro #202 Bittersweet (III)


—En mi habitación hay cerrojo —le susurro. Él me dedica una sonrisa de esas tan suyas, irónica y traviesa a la par. Lo guío hacia la escalera, y volvemos a besarnos, como si ya no supiéramos estar más de dos minutos sin hacerlo—. ¿No te parece casi irreal?
—¿El qué?
Subimos los primeros dos peldaños, yo de espaldas.
—Esto. Nosotros.
—No. He soñado tantas veces con este momento que ahora solo pienso en que se ha hecho realidad.
¿Ha soñado muchas veces con este momento? Me siento flotar.
Nos besamos durante más rato que antes y me toca los pechos por debajo de la camiseta. Me froto contra él, deseando sentirlo dentro de mí. Creo que todavía vamos por el quinto peldaño pero no tengo prisa, quiero disfrutar de cada segundo con él.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—¿Importa eso? —pregunta con la voz ronca.
Lo miro, pensativa. No respondo, es cierto que ya no tiene importancia. Llegamos a la planta de arriba y sus besos alcanzan la oreja. Me lame el lóbulo y los dos jadeamos. Después mete la lengua en la oreja y yo le desabrocho los pantalones para palparle. Por su boca salen sonidos apasionados que me recorren la columna vertebral. Me vuelve a besar con pasión. Bebemos uno del otro. Estamos tan excitados que ni siquiera sabemos hacia dónde vamos, avanzamos con torpeza. Casi pierdo el equilibrio por andar hacia atrás, pero su brazo fuerte me sujeta.
—Si seguimos así acabaremos haciéndolo en el suelo. —Se ríe.
Le señalo la habitación y entramos como quien le va la vida en ello. Cierro con cerrojo y cuando me vuelvo, el modo en que me mira, esa fiereza que provoca el instinto, me pone tan cachonda que mis besos se vuelven de lo más salvajes. Me subo a la cama y lo invito, desprendiéndome de la camiseta y el sujetador, mordiéndome el labio inferior. Él, prácticamente, salta encima de mí y soltamos una risa.
—Ríete, Bambina. Me encanta cuando te ríes.
Y eso hago, me río de pura felicidad. Hasta ahora, el sexo había sido quitarse la ropa y hacerlo, sin más, pero con él es diferente. Nos conocemos, y al mismo tiempo, somos desconocidos. Queremos tomarnos el tiempo que haga falta en explorar nuestros cuerpos y eso no hace falta decirlo con palabras, simplemente nos desnudamos y nos exploramos con la mirada. Quizás nos habíamos imaginado más veces de lo que estamos dispuestos a admitir la forma de nuestro cuerpo debajo de la ropa. Y ahora que se desvela el misterio estamos disfrutándolo al máximo. Yo paso la mano por sus pectorales y el poco pelo moreno que hay en su pecho me hace cosquillas en los dedos. Él, por su parte, recorre el hueco de mi espalda, de principio a fin, susurrándome que esa era una de las cosas que se moría de ganas de hacer. Verme desnuda y acariciarme. El calentón que llevaba hace un momento sigue de lo más caliente y, observando su miembro erecto, lo toco con las yemas de los dedos. Él saborea ese escalofrío con una sonrisa y dice:
—¿Qué te parece mi amiga? ¿Le ponemos nombre?
El pitido de mi carcajada sacude las paredes de la habitación. Y como siempre, él se contagia, y me besa entre risas, sus dientes chocando con los míos. Noto su polla en mi vientre y el deseo lo acelera todo. Liam me lame el pezón mientras yo lo estimulo con la mano.
—¿Jugamos a las casitas? —pregunto, riéndome.
—A eso iba —dice sonriendo, y siento sus dedos en mi interior. Un chillido de éxtasis sale de mi garganta. Su lengua se separa de la mía para unirse a los dedos que hunde dentro de mí, y antes de llegar, se deleita marcando el camino desde los pechos, descendiendo por la barriga, hasta probar lo que hay entre los otros labios. Es tan intenso lo que siento que no tengo palabras para explicarlo. Es como si el tiempo se hubiera detenido y pudiera percibirlo todo de una manera más clara, los olores, las sensaciones, todo está al límite mientras su lengua se entierra ahí abajo. Mis dedos se aferran a su pelo, soltando jadeos entrecortados. Entonces me incorporo y le cojo del rostro.
—Voy a por un condón —digo. Y en un salto me coloco junto a la mesita de noche. Abro el cajón y se lo lanzo. Lo abre rápidamente y se lo pone. Me vuelvo a poner donde estaba, urgiéndole con la mirada y, mostrándome su sonrisa más provocadora, se pone encima de mí. La siento entrar. Nuestros cuerpos están más unidos que nunca. Verlo en ese vaivén apasionado, hace darme cuenta de algo, es algo que ya sabía, pero que ahora todavía tengo más claro: estoy enamorada de mi mejor amigo. Quiero estar siempre con él.
—Eres preciosa, Bambina —me dice. Y cambiamos de postura, se da la vuelta, desciende hasta los pies de la cama y me pone encima. Ahora soy yo la que me muevo sobre él, y la sensación de ser yo quien le proporciona el placer, anima a mis caderas a moverse en un baile de lo más sensual. Liam suelta un murmullo apasionado. Aparta mi melena con delicadeza, para después cogerme de la nuca y besarme, casi arrancándome los labios, mientras nos movemos rítmicamente. Estoy a punto de correrme.
—Bambi, me vuelves loco.
Me besa con fruición mientras nos movemos y los jadeos se vuelven más fuertes, la respiración va a toda velocidad. Nunca había disfrutado tanto haciéndolo.
Verlo con esa cara de goce hace que este momento sea el mejor de mi vida. Lo miro intensamente con la respiración entrecortada, perdida en sus ojos verdes, le digo que le quiero, no con palabras, únicamente con la mirada. Él apoya las manos a ambos lados de la cabeza y me lo dice.
—Te quiero, Bambina.
Estoy casi a punto y, cuando lo digo, me coge de la mano y me lleva a la pared de la habitación. Me pone de espaldas contra ella cogiéndome las piernas y vuelve a meterla. Esta vez la siento tanto que podría pasarme los días repitiéndolo.
Se mueve cada vez más rápido, yo hundo mis dedos en su pelo sin dejar de dar gritos que se intensifican a medida que llego al orgasmo. Sin querer le araño la espalda y grito:
—Me corro.
Él contesta que también y, en una coincidencia que me parece de lo menos usual, tenemos el orgasmo a la vez, nuestros espasmos acompasados. Cuando acabamos sigue cogiéndome las piernas, me mira y sonríe. Estoy perdidamente enamorada de él y en parte me siento indefensa, porque he dejado mi alma al descubierto, sin protección. Nos besamos con dulzura mientras me deja en la cama.
—Ha sido… no tengo palabras —digo.
Nos fundimos en un abrazo.
—Pues la parte que viene ahora me encanta —confiesa—, en eso parezco más una tía.
—Pues sí —reconozco.
Nos miramos como dos bobos.
—Ahora me parece mentira que no lo hiciéramos antes —digo.
—A mí también.
Se ríe un buen rato.
—¿Qué? ¿De qué te ríes?
—Nada. Estaba pensando que cada vez que leías algo te desnudaba con la mirada, pero como estabas concentrada no podías verme.
Me río también y lo beso.
—Te quiero mucho, Liam.
—Yo también.
Nos besamos de nuevo y al poco nos quedamos dormidos, abrazados. Nunca había sido tan feliz.


Bittersweet – Melanie Rostock

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viernes, 3 de junio de 2016

Besos de libro #103 Bittersweet (II)



No puedo evitar emocionarme cuando acaba de leerlo. Es lo más bonito y triste que he oído nunca. No sé cómo interpretarlo. ¿Genevieve es un amor? ¿Simboliza la muerte misma? No tengo la menor idea.
—Es una pasada. Siempre consigues que me calen hondo.
—¡Bah! No es para tanto. Eso eres tú, que eres muy sensible —dice, acercándose.
Mi corazón empieza a latir a toda velocidad. Me mira de esa manera que tanto me excita, diciéndome que me desea, como en el coche. Mi cuerpo no para de darme avisos, cada vez más insistentes.
—¿Sabes? —añade acercando sus labios a cinco centímetros—. Genevieve eres tú. —Entonces me besa y me derrito en sus brazos. Genevieve soy yo, pienso en ello mientras acaricia mi lengua con la suya. Soy yo, su amor. Por fin puedo dejarme llevar. Me aprieto contra su cuerpo, notando el suave cosquilleo del estómago. Los besos van volviéndose poco a poco más tórridos y todo mi cuerpo palpita. Me echo hacia atrás, dejando que escale encima de mí. Cuando noto su erección, mis braguitas se humedecen, y mi jadeo se pierde en su boca. Su olor impregna mis sentidos y dejo que su intensidad me envuelva, quiero probar a qué sabe cada centímetro de su piel. Nos separamos un momento y le sugiero subir a la habitación. Él asiente sonriendo, pero no se levanta enseguida, dedica unos instantes a acariciarme el pelo, mirándome como si fuera la persona más importante de su mundo, algo bello a lo que admirar y adorar. Y yo creo que lo miro de la misma manera, dándome cuenta de que siempre me he sentido así, pero tenía miedo. Miedo de que no sintiera lo mismo, aterrada por la posibilidad de estar con él solo una noche, porque sabía que una vez estuviéramos juntos, unas horas jamás serían suficiente. Me besa con dulzura, despacio, cerrando los ojos, despacio, dejándolos abiertos. Después recorre mi cuello con los labios y se me pone la piel de gallina, estremeciéndome con un gemido.
Bittersweet – Melanie Rostock

viernes, 6 de mayo de 2016

Besos de libro #99 Bittersweet (I)


Busco el móvil en el bolso esperando el sonido del motor, pero no llega, en su lugar hay silencio. Un silencio que, sin saber cómo, logro identificar; no es uno cualquiera. Es esa clase de silencio que es capaz de parar el tiempo, que te habla, te dice que algo está a punto de pasar y notas lo intangible del momento: química, atracción. Siento un calor repentino pero no me atrevo a mirarlo o a preguntar por qué no arranca. Si lo hiciera rompería el silencio y lo que quiera que le siga. Me quedo mirando el bolso, petrificada y aguantando la respiración. De alguna manera consigo dejarlo en los pies y con el corazón revolucionado vuelvo la cabeza. Me topo con sus ojos verdes y no hacen falta palabras. Desliza su mano del cambio de marchas a mi pierna y me acaricia sin dejar de mirarme con intensidad. Mi cuerpo se convierte en un tiovivo de sentimientos que van dando vueltas en mi interior: euforia, éxtasis, pánico, felicidad, timidez, amor. Quiero coger su mano y guiarla donde la están reclamando con muchas ganas, pero el miedo me lo impide, ¿con cuántas chicas mucho más experimentadas que yo ha estado? A una de ellas ya la he conocido, ¿qué seré yo al lado de ellas?
La otra mano cubre parte de mi mejilla y con la yema del dedo pulgar me hace cosquillas en los labios mientras los mira mordiéndose el labio inferior. Me atrae hacia sí suavemente, nuestras miradas se cruzan un momento y sé que esto es algo de verdad, no es ningún juego. El tacto de sus labios hace estallar fuegos artificiales en mi estómago. La otra mano continúa en la pierna y no dejo de pensar que quiero que me toque, que me desnude, quiero sentirlo en mi interior y nunca he estado tan segura de algo en mi vida. Dejo entrar su lengua y acaricia la mía con delicadeza, sabe cómo moverse para que mis ganas de que nuestros cuerpos desnudos se toquen aumente. Es como si hubiéramos estado saliendo juntos desde siempre pero no hubiéramos disfrutado el uno del otro y ahora tocara recuperar el tiempo perdido. Se separa un momento para mirarme de nuevo con esos ojos que me dicen que está loco por mí, que está enamorado y creo que mi mirada transmite lo mismo. Nos acercamos más, abrazándonos mientras nos besamos, notando cómo suben los grados. Quiero recorrer cada centímetro de su piel con mis dedos. Deslizo mi mano por su torso y estoy a punto de tocarlo cuando se separa con brusquedad, cortándolo todo de repente.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—Me he dejado llevar —dice mirando el volante.
—Y eso no está mal, ¿no? —respondo acariciándole el pelo.
Me mira con aire triste.
—No quería que pasara. —¿Tan pronto me va a hacer daño?
—¿Qué quieres decir? —Aparto la mano y me recoloco en el asiento. Ha acabado tan de repente que cuesta creer que hace un momento estuviéramos a punto de llegar al siguiente nivel.
—Pues que tú deberías estar con un tío que estudie para arquitecto o alguna mierda así, que le mole a tus padres y te dé un futuro.
La comprensión me hace sonreír, me acerco de nuevo hasta que me mira.
—¿Es que no me conoces? ¿Desde cuándo me importa una mierda lo que les guste a mis padres? —Lo beso—. No me importa estar con un arquitecto, un camarero o un basurero si es la persona con la que quiero estar —vuelvo a besarlo—. Tampoco influye la familia que tenga si esa persona me importa —el beso es ahora más largo.
—Joder, Bambina, creo que aunque quisiera ya no podría estar contigo sin besarte o tocarte.
—Ah, pensaba que íbamos a jugar a las casitas.
Nuestras risas son diferentes, no sabría explicar, tienen otra tonalidad como si también hubieran pasado a otra fase. Me siento encima suyo, de lado, para estar más cerca y me viene a la mente lo que le dije sobre los momentos dulces y amargos. Está claro que no existe una felicidad constante pero no me importa haber pasado por todas esas situaciones amargas si ahora estoy con él. Abrazándolo estoy abrazando ese contraste que hace olvidarme de todo lo de mi alrededor. Besándolo estoy besando lo más dulce que he probado en mi vida. Y así nos quedamos durante lo que me parecen horas, conociendo esa otra parte que nunca nos habíamos atrevido a explorar. Memorizando la forma de nuestros labios, la complicidad de nuestras lenguas, lo mucho que cambia nuestro rostro cuando solo está a unos milímetros de distancia, lo profunda que puede llegar a ser una mirada. Y lo hablamos, nos contamos cómo nos sentimos y coincidimos que es así como queremos sentirnos a partir de este momento, aunque eso pueda hacer peligrar nuestra amistad, «vale la pena» nos susurramos entre beso y beso. «Nos arriesgaremos» repetimos, riéndonos, tocándonos. La felicidad está en este coche, aquí y ahora.

Bittersweet – Melanie Rostock

lunes, 4 de abril de 2016

Bittersweet - Melanie Rostock


Sinopsis
Cuando has probado lo amargo, lo dulce sabe mejor.
Bambi sabe qué es ser diferente, incluso su nombre lo es. Sabe qué es sentirse despreciada todos los días por sus compañeros de instituto y no poder hacer nada para cambiarlo. Pero la escritura le da la fuerza que necesita para seguir adelante, porque tiene la certeza de que es buena en algo.
Liam nunca ha tenido una familia normal, y no solo por los problemas económicos. Su padre es agresivo y bebe más de la cuenta, y su madre no quiere ver la realidad. El futuro no parece esconder muchas opciones para alguien como él, aunque en secreto sueña con convertirse en escritor.
Cuando Bambi y Liam se conocen en un taller de escritura, pronto se dan cuenta de que la literatura los une más allá de los libros. Ambos comparten aquello que los salva de caer al vacío, pese a que ella procede de una familia acomodada y él es un chico de barrio. Pero, cuando se trata de amor, pertenecer a mundos opuestos a veces es un obstáculo insuperable...
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Quizás haber encadenado dos lecturas seguidas sobre el acoso escolar no haya favorecido la puntuación de este libro pero también es verdad que me ha gustado y me ha convencido más que el anterior (Te odiaré hasta que te quiera).

Dicho lo cual, vayamos al meollo del asunto que es la historia que Melanie Rostock nos cuenta en este libro. Lo primero que me ha llamado la atención es la forma de narrar ya que algunos capítulos nos los cuenta Bambi (si, menuda gracia de nombre le fueron a poner sus padres. ¿En que estarían pensando?), y otros son narrados en tercera persona y en pasado por un observador externo a lo que pasa entre las páginas de este libro.

Es un libro bastante largo con casi 400 páginas y con letra más bien pequeña pero a pesar de esto se lee muy rápido y fácilmente. Desde el principio nos metemos en la historia y al alternar la narración de los capítulos y saltar la acción a los distintos personajes hace que se quiera seguir leyendo y que sea difícil dejar el libro.

A lo largo del libro hay muchas conversaciones de whatsapp, mails y los relatos que escriben los protagonistas. Porque Bambi y Liam se conocieron en un curso de escritura y desde entonces son muy buenos amigos. Quedan para leerse lo que han escrito mutuamente y para darse consejos de escritura.

Pero hay muchas diferencias entre ellos dos por lo que no han dado un paso más en la amistad y se conforman con lo que tienen. Me ha gustado la relación entre ellos dos y las conversaciones sin tapujos. Hablan prácticamente de todo y lo hacen con naturalidad pero con mucha ironía.

Pero en Bittersweet hay momentos muy duros tanto por parte de Bambi que sufre acoso escolar como por parte de Liam que está metido en asuntos muy turbios y peligrosos. Todo transcurre sin prisa pero sin pausa. No he tenido la sensación de que sobrara nada, cada cosa está en su lugar y a su momento.

Bittersweet es una historia bonita dentro de lo que cabe, con sus altibajos entre los protagonistas que se lee rápido y fácil y que deja un regusto agridulce (como el título mismo del libro) por todo lo que pasa a lo largo de sus páginas.

¿Lo conocíais?
¿Lo habéis leído? ¿Os llama la atención?
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