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viernes, 23 de noviembre de 2018

Besos de libro #219 ¡Piratas! (III)



—Deberíais marcharos, volver a vuestro camarote y dejar de jugar a este juego. Podríais lastimaros.
—No hay quién os entienda…
Asió el pomo de la puerta y la abrió para abandonar aquella habitación y a aquel hombre tan difícil de descifrar. Pero no pudo dar un solo paso. Él cerró de nuevo con un golpe seco sobre su cabeza y la obligó a mirarlo.
—¿Creéis que podría fingir esto?
Le tomó una mano y se la llevó al pecho, a la altura del corazón. Latía inusualmente acelerado, y el de Wilhelmina no tardó ni un instante en acompasarse a su ritmo.
Él se inclinó y susurró junto a oído.
—¿Creéis que podría fingir esto?
Le alzó una pierna, colocándola junto a su cadera, y la apretó contra su cuerpo.
Un fogonazo la recorrió por entero cuando la estrechó con fuerza, y un gemido ahogado escapó de su garganta al notar la excitación de él presionando su vientre.
Incluso ella sabía que ciertas reacciones no podían provocarse con premeditación. Lo miró a los ojos y vio el fuego que ardía en sus profundidades.
Con un jadeo, se aferró a su camisa y atrajo su boca para besarlo. Él respondió al asalto con una pasión tan abrasadora como la suya, y juntos se abrasaron en una hoguera de deseo que parecía no consumirse jamás.
Se ciñó a él con más ansia, ofreciéndose entera, saboreándolo con sus labios y su lengua, enredando los dedos en su espesa melena. Y él la levantó para estrecharla aún más contra su cuerpo, apretando sus nalgas, haciéndole sentir hasta qué punto su deseo era real y no fingido.
Wilhelmina poseyó sus labios, sus caderas, su cuello, su espalda, su pecho. Y él se dejó esclavizar, resistiendo cada embate, entregándose por completo. Pero, finalmente, con un gemido desesperado, se alejó de ella, desanudando sus cuerpos, tratando de sofocar el incendio que habían provocado en ellos.
—Por todos los infiernos… —masculló, torturado.
Wilhelmina, en cambio, se sentía llena de vida, excitada, imparable. Se mordió el labio inferior, anhelando volver a tenerlo en sus brazos, justo cuando él se volvió para enfrentarla.
—No se os ocurra mirarme así.
—¿Cómo? —preguntó ella, fingiendo inocencia.
—Lo sabéis muy bien. Como hacéis siempre que estamos cerca el uno del otro. Manteneos apartada de mí.
—¿Por qué?
—Porque no deseo que volváis a besarme jamás.
—Mentís.
—¿Ahora sí sois capaz de leer lo que dicen mis ojos?
—Acercaos un poco. Este lugar no está muy bien iluminado. Dejad que os vea mejor.
—Ni hablar. Salid de mi camarote. Ahora. Y no regreséis por aquí. Nunca.
Wilhelmina sonrió. Jamás en su vida había sentido tanto poder como en aquel instante. Y debía reconocer que resultaba embriagador.
—Como gustéis, capitán. Lamento haberme sobrepasado con vos. Respetaré vuestros deseos y no volveré a molestaros.
—Billie.
—¿Sí, mi capitán?
Él frunció el ceño al oír ese posesivo.
—¿Tengo vuestra palabra de que os mantendréis alejada de mí?
—Desde luego, capitán. Todo lo lejos que este barco me permita.
Cuando abandonó el camarote, se recostó sobre la puerta. Se tocó los labios hinchados y una sonrisa se dibujó en su rostro.
No iba a hacer honor a su promesa.

¡Piratas!Laura Esparza
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viernes, 3 de agosto de 2018

Besos de libro #204 ¡Piratas! (II)



—¿Y cómo exactamente os estoy mirando?
—Como si fuera un coco maduro y desearais devorarme. Como si anhelarais volver a besarme o, mejor aún, que yo os besara.
—Os tenéis en muy alta estima.
Pero, en cuanto él mencionó el beso, la sangre de Wilhelmina se encendió y comenzó a burbujear. Los recuerdos de su primer encuentro atravesaron su mente, y tuvo miedo de que él fuera capaz de ver también las pecaminosas imágenes que habían cobrado vida tras sus párpados.
—Parad. Ahora.
—¡No estoy haciendo nada!
—¿Eso creéis? Vuestra respiración se ha vuelto superficial. El pulso que os late en el cuello se ha acelerado. Y el rubor os ha enrojecido las mejillas. Dejadlo ya.
—Dejad vos de mencionarlo y quitaos de encima.
Pero él siguió sin moverse, y el cuerpo de Wilhelmina se inflamó con más intensidad.
—Es una pésima idea… —murmuró él.
—Solo tenéis que soltarme.
—No es tan fácil.
—Claro que sí. Levantaos y apartaos de mí.
—Como si pudiera moverme a mi antojo.
—Dijisteis que no deseabais que volviera a besaros.
—Mentí.
—¿Mentisteis?
—Como un vulgar y maldito bellaco.
Wilhelmina inspiró con fuerza y sus pechos empujaron contra el corpiño, amenazando con desbordarlo.
—Capitán… —murmuró.
—Al infierno con todo.
Con un gemido desesperado, Blackhawk se apoderó de su boca, de su cuerpo y de su alma. Fue un asalto a sus sentidos, y Wilhelmina no pudo evitar perder la razón.
Aquello estaba mal. Ese hombre era un delincuente, un pirata, pero allí donde la tocaba, su cuerpo estallaba en llamas.
Le echó los brazos al cuello, enredando los dedos en su largo cabello negro, mientras sus labios se encargaban de saborearlo entero.
Era alto y fuerte y peligroso. A pesar de ello, lograba que se sintiera segura y protegida. Y cuando posaba su mirada imperfecta sobre ella, hacía que se sintiera viva.
Gimió al sentir las manos de él presionando su costado, cerca de sus pechos. Con todos sus sentidos fuera de control, entrelazó una de las piernas con las suyas y se arqueó para reducir el espacio entre sus cuerpos.
«Ah, sí. Justo así».
Después, cegada por la lujuria, se apropió del timón y giró para colocarse encima. Él sonrió, sorprendido, antes de posar una mano en su nuca y atraerla de nuevo a sus labios.
Ambos estaban fuera de sí, perdidos en la pasión del momento, y por eso no oyeron el ruido de pasos acercándose. Ni el carraspeo que dejó escapar la sombra que se situó a su lado.
Pero sí oyeron sus primeras palabras.
—Es increíble lo que uno puede encontrarse en un rincón oscuro de Tortuga.

¡Piratas!Laura Esparza
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viernes, 22 de junio de 2018

Besos de libro #199 ¡Piratas! (I)



—Ni lo penséis —le advirtió el capitán leyéndole la mente.
Ella no lo escuchó. Tomó impulso sobre sus hombros, pero, de algún modo, él se mantuvo firme. Y como no se hundió en el agua, el rostro de Wilhelmina descendió sobre el del capitán y sus labios chocaron en un beso involuntario.
Asustada, sorprendida por lo que acababa de suceder, trató de escabullirse, pero él la sostuvo y le impidió escapar. Su mirada era inescrutable; su cuerpo emanaba una fuerza que hizo vibrar el de Wilhelmina.
—Lo siento —se disculpó ella—, no era mi intención, yo no…
No pudo terminar, porque el capitán Blackhawk la estrechó entre sus brazos y la besó. Al principio fue solo el roce de unos labios, cálidos y suaves contra su boca. Con los ojos abiertos, Wilhelmina permitió que él la acariciara como ningún otro hombre había hecho jamás. En el fuerte Charles, el capitán Aarhus se había impuesto sobre sus deseos, pero el capitán Blackhawk la tentaba, la invitaba a dejarse llevar. Wilhelmina cerró los párpados y se perdió en aquel beso. En los labios que se movían sobre los suyos, en las manos que le acariciaban el cuerpo. Cuando sintió su lengua tratando de introducirse en su boca, se agitó por la sorpresa y abrió de nuevo los ojos, pero él le mostró el placer que podía sentirse en un beso profundo, ávido y lleno de una pasión que la envolvía por completo.
Se abandonó y se pegó a él tanto como le fue posible. Sus manos le rozaron el pelo, sus pechos se aplastaron contra el torso del capitán y su sangre vibró acelerada cuando lo acarició como nunca había acariciado a un hombre. Aquel beso era mágico, lo más asombroso que había experimentado en toda su vida, una verdadera revelación que debería durar para siempre.
Pero no lo hizo. Sin saber muy bien cómo, se encontró a una brazada de distancia. Blackhawk no solo había roto el beso, la había lanzado lejos, bien lejos de él. Y el vacío y la extrañeza que sintió en aquel momento la dejaron temblando, como si se estuviera bañando en unas aguas gélidas, y no cálidas como las del mar Caribe.
Él la miró como si fuera el ser más abyecto sobre la faz de la Tierra antes de espetar:
—No volváis a besarme jamás.
Mientras la sorpresa se tornaba en ira dentro de Wilhelmina, y antes de que tuviera oportunidad de responder, oyeron la voz de alarma del señor Blackpool.
—¡Tiburón a babor! ¡Tiburón a babor!


¡Piratas!Laura Esparza
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martes, 30 de enero de 2018

Estantería temática #46 Libros autopublicados (I)



Para este mes he querido enseñaros en esta sección algunos de los libros que tengo autoeditados por los propios autores. Y como tengo intención de seguir haciéndome con más libros de este tipo, habrá más ediciones de esta entrada mas adelante.

Algunos me los he comprado yo, otros los he ganado en sorteos y otros han sido regalos por mi cumpleaños o de los propios autores que se han puesto en contacto conmigo.

No todos me los he leído… todavía. Pero en su mayoría sí que están leídos y reseñados en el blog. Os dejo los enlaces abajo.

Me faltan por leer ‘La historia de Cas’ de Laura Sanz, y el tercero y el cuarto de las aventuras de Sara Summers de Susanna Herrero porque el segundo me lo he leído este mes. Y la reseña está al caer.














Los libros de Alice Kellen me los he leído todos. ‘El chico que dibujaba constelaciones’ me lo terminé el viernes pasado. Llegó y lo leí. Ya os contaré más en la reseña.
 
¿Sois de autoediciones o confiáis más en la publicación editorial?
¿Habéis leído alguno de estos libros?

Reseñas en el blog:

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lunes, 4 de septiembre de 2017

¡Piratas! - Laura Esparza


Sinopsis
La señorita Nightingale solo tiene un deseo: ser dueña de su propio destino. Y evitar a toda costa el matrimonio. Y ver por última vez al hombre que durante años ha alentado su espíritu rebelde. Si para lograrlo debe avergonzar a su ilustre padre y participar en un arriesgado plan para liberar a un hombre a punto de ser ahorcado, valdrá la pena. El capitán Blackhawk solo tiene un objetivo: saldar la deuda que contrajo hace años. Y recuperar el control de su vida. Y formar parte de la alianza que se ha forjado para robar el mayor cargamento de oro que haya salido jamás de la Indias. Si para conseguirlo debe secuestrar a la hija del gobernador de Jamaica, no le importará pagar el precio. Pero en las turquesas y legendarias aguas del mar Caribe, donde los piratas reinan a bordo de navíos extraordinarios, una mujer hambrienta de aventura y un hombre sediento de libertad descubrirán que el destino les tiene reservadas muchas sorpresas. Y que, a veces, las grandes historias de amor son aquellas que dan comienzo con un sencillo: «Érase una vez…».
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Llevaba tiempo viendo este libro por Goodreads, que a la gente le estaba gustando y me llamaba la atención porque el tema de los piratas siempre es entretenido y ameno.

El caso es que en cuanto he tenido la oportunidad me he lanzado al abordaje de este libro y lo que me ha gustado.

¡Piratas! está narrado en tercera persona y en pasado teniendo en cuenta el punto de vista de los dos protagonistas pero especialmente el de Wilhemina. Que, por cierto, vaya nombrecito.

Al principio fue como si estuviera viendo Piratas del Caribe. Los capítulos son cortos y al estar pasando cosas continuamente se lee que da gusto. Durante los primeros capítulos pensaba que la pareja protagonista no tenía mucha química pero nada que ver. Tiene química y mucha.

Además, está lleno de giros y plot-twist y de secretos que se irán desvelando poco a poco para ir conociendo a los personajes y hacer avanzar la historia.  


Me han encantado sus diálogos, como Wilhemina pone de los nervios al capitán Blackhawk y cómo van sintiendo cada vez más atracción el uno por el otro. Lo que no me ha terminado de convencer es ese punto de instalove que he visto prácticamente en los dos.

Alrededor de ellos dos hay también una miríada de personajes que se llegan a hacer querer por su forma de ser. Me he reído con los diálogos entre Jack y Mose hablando del capitán como si no estuviera pero con el presente. Y Chris también me ha gustado en su forma de ser sarcástico e irónico en sus comentarios.

Este es un libro de los que se leen con una sonrisa en la boca y de los que quieres conservar en papel. Lo tengo en digital pero tarde o temprano terminará cayendo en el formato tradicional.

¡Piratas! ha sido una lectura muy gratificante en la que me lo he pasado genial surcando los mares del Caribe en este barco pirata y con sus acompañantes.

¿Lo conocíais?
¿Lo habéis leído? ¿Os llama la atención?
Contadme
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